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Reconectando a las personas con el medio ambiente para acortar la brecha entre mente y

15 Enero 2017
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Portada de la revista Seventeen, abril 1993

Mariel de Jesus

En abril de 1993, la revista Seventeen publicó un número con el mensaje “¡Salve a la Tierra, niña!”  Seventeen probablemente no fue la fuente más completa de información ambiental, pero probablemente ésta fue la edición más influyente de la revista que leí ese año.

La conciencia ambiental fue alta a principios de los años 90.  La Cumbre de la Tierra de Río en 1992 puso la salud del planeta al frente y en el centro, y el desarrollo sostenible estaba en la agenda.  El mero hecho de que mensajes como “reducir, reutilizar, reciclar” aparecieran en la portada de una revista dirigida a chicas adolescentes indicaban que el medio ambiente era preocupación de todos y que todos tenían que participar en el cuidado de la misma.

Lamentablemente, la energía y el entusiasmo por el medio ambiente que estaba creciendo a principios de los noventa no se tradujeron en acciones y comportamientos ambientales.  A pesar de la cobertura de los medios de comunicación y las campañas de información, el ser “verde” todavía era considerado “alternativo” y las personas que llamaban la atención sobre aspectos ambientales eran etiquetadas como fanáticos del medio ambiente, entre otras.

Se han cumplido 25 años desde aquel número de la revista Seventeen.  Los científicos nos están dando toda la información sobre el cambio climático y la necesidad de emprender un camino diferente y más sostenible hacia el crecimiento y el desarrollo, pero las actitudes y los comportamientos de las personas siguen sin cambiar.

Ha habido muchas iniciativas de educación ambiental y no faltan materiales de información y comunicación sobre temas ambientales.  Entonces, ¿por qué es tan difícil lograr que la gente adopte un comportamiento favorable al medio ambiente?

Claramente, el conocimiento y la información por sí solos no conducen al desarrollo de actitudes ambientales, ni cultivan un sentido de cuidado y responsabilidad por el medio ambiente.  Esto es lo que ha llegado a ser conocido como la brecha de la mente y el comportamiento y los investigadores han formulado varias razones de la desconexión entre lo que sabemos y lo que hacemos.

La experiencia en medio ambiente toma la iniciativa en el cuidado del medio ambiente

La investigación señala la importancia de aprender sobre las preocupaciones ambientales y los problemas de una manera experimentada.  Aprender sobre los problemas y desafíos ambientales indirectamente, como en un aula o incluso a través de la lectura de un artículo, no influye en el comportamiento de las personas tanto como tener una experiencia directa del medio ambiente y las diferentes preocupaciones que lo afectan.

El impacto de la experiencia directa sobre el comportamiento de las personas se vio después de los eventos de inundación en Marikina, una ciudad de Metro Manila, en Filipinas, después de que el tifón Ondoy (Ketsana) devastara la zona en septiembre de 2009.  La experiencia dolorosa y trágica de ese desastre aumentó el grado de conciencia y compromiso, así como el desarrollo de actitudes proactivas en el monitoreo de tormentas y posibles eventos de desastre.

Cuando se estableció el vínculo entre la inundación y la eliminación inadecuada de desechos, los gobiernos locales comenzaron a desarrollar y hacer cumplir las ordenanzas para prohibir el uso de bolsas de plástico y la inundación de Marikina.  La experiencia también puede haber impulsado a la gente a adoptar el uso de bolsas reutilizables y reciclables en su vida cotidiana.

La dificultad con el estilo de vida urbano actual es que las personas tienen cada vez menos experiencia con el medio ambiente natural.  Por tanto, es muy difícil para las personas preocuparse por cuestiones ambientales.  La mayoría de los jóvenes están contentos de permanecer en una habitación con aire acondicionado todo el día, siempre y cuando tengan una conexión wi-fi.  Incluso las relaciones con otros son relegados al mundo en línea, en lugar del real.

La gente aprende a cuidar de algo una vez que han experimentado que el aprendizaje y el cuidado.  Sin una experiencia de primera mano con la naturaleza, es difícil desarrollar un sentido de cuidado y responsabilidad para el medio ambiente.

2017_01_15_Reflection_Photo1Las actitudes ambientales comienzan con la familia

Los comportamientos y actitudes de las personas también están condicionados por la influencia familiar, las normas sociales y tradiciones culturales.  Si las personas están constantemente expuestas a la cultura perjudicial para el medio ambiente, será mucho más difícil cambiar sus actitudes y comportamientos.  Si los jóvenes crecen en familias que valoran el medio ambiente, también aprenderán a valorar y apreciar el medio ambiente.  Puede ser tan simple como enseñar a los niños a ahorrar agua apagando los grifos o apagando las luces cuando salen de las habitaciones.  Dar a los niños un sentido de responsabilidad a una edad temprana es importante en la configuración de sus actitudes y comportamientos futuros.

Cambiar los hábitos es una cuestión de compromiso personal, pero también es importante crear comunidades que no sólo promoverán el cambio, sino que también proporcionarán apoyo.  Dado el aumento de los medios de comunicación social, incluso las comunidades en línea son importantes, no sólo para compartir información, sino también para influir en las acciones de las personas.

Los educadores ambientales ahora están explorando estrategias que ayudarán a la gente, particularmente a los jóvenes, a entender sus conexiones con la naturaleza y el medio ambiente.  Se cree que una apreciación de su relación con el medio ambiente aumenta su capacidad para responder a las crisis ecológicas.  Cuando los jóvenes se dan cuenta de cuánto su vida cotidiana depende del medio ambiente, obtienen una mejor comprensión y apreciación del medio ambiente y de la generosidad que proviene de la naturaleza.

Por ejemplo, los jóvenes que viven en zonas urbanas pueden pensar que sus comidas provienen del supermercado y no tienen ni idea de lo que implica obtener comida en sus mesas.  Aprender sobre esto desde la lectura, o en el aula puede ser informativo, pero ver comunidades agrícolas en el trabajo será aún más significativo.

Los enfoques de aprendizaje experimental que permiten a los estudiantes involucrarse con el entorno natural también les dan la oportunidad de ver el papel que desempeñan y su contribución a las crisis ecológicas actuales.  Si bien esto puede no conducir inmediatamente a la adopción de comportamientos pro-medioambientales, puede resultar en una mayor reflexión sobre las elecciones que hacen cada día y una conciencia de cómo estas opciones impactan el medio ambiente.

Necesitamos crear más ocasiones y situaciones donde la gente pueda estar en la naturaleza.  Las comunidades de práctica, en la vida real o en las plataformas de medios sociales, pueden ayudar a motivar a las personas a actuar.  Las estrategias de educación deben ayudar a las personas a construir una relación con la naturaleza y el medio ambiente.  Sin este vínculo, esta conexión, no sentiremos la necesidad de cuidar nuestro hogar común.

La Sra. Mariel de Jesús es la Gerente de Comunicaciones del instituto de Ciencia Ambiental para el Cambio Social, una organización de investigación y capacitación jesuita en Filipinas.

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Este artículo también está disponible en:: Inglés

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One Response to Reconectando a las personas con el medio ambiente para acortar la brecha entre mente y

  1. Thomas Hughson en 5 Febrero 2017 en 8:48 pm

    Thank you for attention to the mind/behavior problem in eco-justice. Not formulated exactly in the phrase, mind/behavior problem, its reality is, as you know, part of a larger problem, not only theologically in terms of St. Paul and St. Augustine on the mind approving what in fact we do, the mind/choice problem in fallen humanity, but also sociologically in regard to altruistic values and Catholic Social Teaching (CST).

    The general mind/behavior problem with altruistic values was included in sociological research by Robert D. Putnam and David B. Campbell in American Grace: How Religion Divides and Unites Us. One finding was that positive influence on movement from altruistic mind came from being part of a small, local network of people (family, or friends, or a reading circle etc ) who met together often enough to discuss application of social values gained from church-going.

    In regard to Catholics according to the research and analysis of Jerome P. Baggett the mind/behavior problem was evident among parishioners in regard to CST. In Sense of the Faithful: How American Catholics Live Their Faith Baggett found that altruistic perspectives in CST could be gained and accepted by parishioners without being acted on. Among other factors two stood out. One was difficulty in ‘translating’ the language and categories of CST into how parishioners actually spoke and interpreted social issues, since that was not the language and interpretative framework of the media, most social analyses, and political discussion. The other was talking together together in a small group of family, friends, fellow parishioners about social justice issues in light of CST was effective in both ‘translating’ CST into an operational vocabulary and moving from mind to behavior.

    These findings indicate that participation in small group conversations or discussions with like-minded people is a positive step into effective ecological concern.

    With thanks and all best wishes,

    Tom

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