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Biocombustibles, ¿reconsideración política?

15 Febrero 2013

Foto de: oxfam.org

Jessica Nitschke

El debate sobre la limitada cantidad de reservas de petróleo disponibles y el aumento de los precios de los combustibles fósiles no es nada nuevo, pero este problema supone un desafío fundamental para el sector del transporte y consecuentemente para las respectivas economías nacionales.  También representa un importante reto para los políticos en la necesaria diversificación de las fuentes de combustibles que aseguren los suministros energéticos.

En 2006, la Comisión Europea (CE) presentó una Estrategia para Biocombustibles, en la que se propuso que los biocombustibles (a veces llamados ‘agro-combustibles’ ya que ‘biocombustibles’ sonaba engañosamente ‘saludable’) pudiesen ser usados como carburantes alternativos para el transporte.  La CE distinguió en el documento varios tipos de combustibles: el bioetanol, producido a base de azúcar y cereales; y el biodiesel producido a partir de aceites vegetales que se usa para remplazar el diésel.  Existe también una diferencia entre la ‘primera generación de biocombustibles’ producida a partir de cultivos alimentarios como el azúcar, el almidón o los aceites vegetales, y la ‘segunda’ y ‘tercera generación de biocombustibles’ producidos a base de deshechos agrícolas, para no competir directamente con aquellos producidos a base de cultivos alimentarios, como deshechos agrícolas, paja de trigo, residuos urbanos, cultivos no-alimentarios (pastos, plantas forestales de rotación corta) y algas.

La Directiva 2009/28/EC del Parlamento Europeo y el Consejo del 23 de abril de 2009 sobre Fomento del uso de energía procedente de fuentes renovables propone, como objetivo comunitario global para 2020, que el 20% del consumo de energía derive de fuentes renovables, así como la obligación por parte de los Estados Miembros de alcanzar un porcentaje mínimo del 10% en el uso de biocombustibles para sustituir el consumo de petróleo y diesel en 2020.  Y todo ello debería hacerse de una forma rentable económicamente.

No obstante, producir biocombustibles a partir de la agricultura causa enormes daños, como lo indica Survival International, una organización no gubernamental.  En su informe de 2008, la organización informó de que la demanda de biocombustibles destruía la tierra y el sustento de las poblaciones tribales y describió como el aceite de palma, uno de los cultivos más destructivos usados para los biocombustibles, había afectado a millones de indígenas de Malasia, y otros tantos millones más en Indonesia.  En estos países se plantaron alrededor de seis millones de hectáreas de aceite de palma, la mayoría en territorio indígena y con tal extensión que tuvieron que abandonar la región.

Sin embargo, el aceite de palma no es el único problema.  Otros cultivos usados para el biocombustible como la caña de azúcar, la soja, el maíz, o la yuca, obligan a las tribus indígenas a abandonar sus tierras, ya que el gobierno se apodera de estas áreas para la producción de biocombustibles.  Oxfam asegura que el 40% de la cosecha de maíz de Estados Unidos está destinada a la producción de etanol.

Los biocombustibles también juegan un rol importante en la subida de los precios de los alimentos.  Un estudio de la Banca Mundial muestra que productos agrícolas como el azúcar, el maíz y las oleaginosas, que sirven como materia prima para la fabricación de biocombustibles, provocaría un aumento de los precios en 2020 del 1% al 8%, debido a la expansión de los biocombustibles adaptada a los objetivos existentes.

Recientemente, la Comisión Europea reconsideró su política, según informa el Comisario de Energía Günther Oettinger.  La Comisión propone ahora moderar el objetivo: sobre el 10% del objetivo de energías renovables, los Estados Miembros cuentan sólo con un 5% de esos biocombustibles producidos a base de cosechas alimentarias.  El resto del porcentaje deberá alcanzarse a partir de deshechos o residuos agrícolas, o del uso de electricidad renovable en el transporte por carreteras y ferrocarril.  Este propósito parece mucho mejor por cuestiones éticas.

Sra. Jessica Nitschke es miembro del equipo del Centro Social Europeo jesuita en Bruselas, Bélgica.

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Este artículo también está disponible en:: Inglés

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2 Responses to Biocombustibles, ¿reconsideración política?

  1. Jesús de Torres en 6 Marzo 2013 en 6:23 pm

    Totalmente de acuerdo con el artículo y con el post de Leks
    Solo añadir que además del daño ecológico los biocombustibles son potentes desestructuradores de los mercados agríacolas, aumentando su volatilidad y dependencia de los grandes fondos de inversión, que con sus acciones sobre los precios crean capital a costa del hambre de los últimos componentes de la cadena.

  2. Heather Lekx en 20 Febrero 2013 en 7:58 pm

    Great article on biofuels.

    As the Farm Manager of the organic farm at the Ignatius Jesuit Centre in Guelph, Ontario, Canada, I have one other point to add beyond the social justice implications of biofuels. Organic or ecological farms very rarely have ‘agricultural residue’ to spare – the non-harvested component of the crop needs to be incorporated into building the soil structure and microbiology for future crops. When we export this ‘residue’ off the farm, in addition to the harvested food or feed crop, it must be replaced or we will quickly have unproductive soil. Generally the production of biofuels from crop residue is dependant on using petrochemically produced fertilizers to grow the crop… which means that even biofuel production is dependent on petroleum.

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