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Buenas intenciones no es suficiente

30 Junio 2012

Participantes en la Cumbre de la tierra 1992 firman la promesa de la tierra para un hogar seguro y hospitalario para las generaciones presentes y futuras. Foto de: Naciones Unidas

Jose Ignacio García, SJ

“Buenas intenciones no es suficiente” es precisamente el título de un artículo (reimpreso en ESSCNews) que escribió nuestro compañero, Pedro Walpole, SJ, al regresar de la Conferencia de Río en 1992, también conocida como Cumbre de la Tierra. Pedro ha participado veinte años después en Río+20, ahora en Junio de 2012. Poco antes de partir para Río+20, Pedro compartió conmigo algunos de los textos que escribió a su regreso de la Cumbre de la Tierra: un artículo publicado en la Revista Intersect (Septiembre 1992), otro artículo publicado en The Manila Chronicle (Junio, 1992) titulado “Lo que no se dijo en la UNCED” (Cumbre de Naciones Unidas para el Medioambiente y el Desarrollo) y las notas de una presentación que tuvo para profesores y miembros de ONGs en Mindanao (Agosto, 1992).

Es muy sugerente leer textos como éstos porque se pueden reconocer situaciones muy parecidas a las actuales. Transcribo un párrafo de su charla a profesores: “Si tuviéramos que juzgar a Río como la reunión celebrada en Brasil nuestra respuesta podría ser muy negativa. Sin embargo, si entendemos Río, como parte de un proceso internacional que nos da nuevas estructuras para fortalecer al gobierno local para que de respuesta a las necesidades ambientales, el proceso de diálogo que inició Río es mucho más prometedor. El éxito de Río será juzgado como inicio de un proceso de toma de conciencia internacional que va a depender de la participación activa de las personas trabajando unidas desde las aldeas hasta las ciudades. Por lo tanto, si queremos ver Río como un posible éxito debemos, en primer lugar, reconocer que algo se ha iniciado, en segundo lugar, que ponemos nuestra esperanza en ello, y tercero, que nosotros debemos comprometemos en su éxito.”

Este texto parece escrito hace sólo unos días. Si el contenido del acuerdo de Río+20 es decepcionante por su falta total de ambición hay que reconocerle el acierto de haber puesto de nuevo las conversaciones multilaterales, el estilo propio de Naciones Unidas, de nuevo en marcha, después del gran fracaso de Copenhague que dejó temblando el sistema negociador mismo. En segundo lugar, Río+20 ha vuelto a recordarnos que los retos que afrontamos, la pobreza y el medioambiente, son tan colosales que no podemos rendirnos, al contrario, el consenso sobre mínimos de Río+20 es una puerta a la esperanza porque ni siquiera esa base compartida está totalmente cumplida. Y por último, Río+20 ha venido a confirmar que el futuro pasa por el compromiso local, por la acción concreta de los ciudadanos, las asociaciones, los gobiernos locales, nacionales y probablemente regionales. Pero tenemos que aceptarlo, todavía estamos lejos de una gobernanza mundial.

Lo que sí se consiguió en Río ‘92 fue un “diseño institucional,” así se creó la Comisión de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible, reestructuró el Fondo Global para el Medioambiente, y promovió los Protocolos del Cambio Climático y de la Biodiversidad. Todo ello vigente hoy en día y que constituye la arquitectura del sistema actual. Como comentaba Pedro Walpole entonces: “Todo el mundo esperaba, pero nadie realmente lo creía, que la CNUMAD sería un punto de inflexión en los esfuerzos internacionales para mantener el medio ambiente mundial. Sin embargo, la CNUMAD fue capaz de mantener varios compromisos institucionales para proteger el medio ambiente.” Quizás nosotros hoy podríamos ser un poco más optimistas, y en la perspectiva de estos veinte años, la conciencia general sobre la importancia de estos problemas ha crecido; y contamos con un marco legal bastante desarrollado , aunque insuficiente.

También hace veinte años las ONGs organizaron su encuentro paralelo, y también como esta vez, se han encargado de recordar a los negociadores oficiales algunos temas que no entraron en su agenda, en 1992 estos temas, recogidos por las ONGs y resumidos por Pedro fueron: “… no tomó ninguna posición sobre los medios para la guerra, los refugiados y el armamento nuclear, preocupaciones que les habían llevado antes a considerar el medio ambiente. Los gobiernos se mantuvieron en silencio con respecto a la devastación, el exceso de consumo en la sociedad, la corrupción en el gobierno y el crecimiento de las multinacionales.” La recomendación de Río+20 para que las empresas incorporen en sus informes anuales una sección sobre sostenibilidad no parece que sea una limitación seria a un crecimiento aumentado en extensión e intensidad de las empresas multinacionales.

Terminaré con un último párrafo de Pedro Walpole, tal vez no hemos avanzado mucho en veinte años, pero los retos siguen delante de nosotros por eso es tan importante el compromiso de todos, también de los gobiernos: “La Cumbre de la Tierra no fue tan amplia como se esperaba. Muchos temas no se discutieron, y los que se llevaron a los textos son pobres. El logro alcanzado lo es más como rearme moral, esto es, en mantener el compromiso moral de los gobiernos hacia las cuestiones medioambientales.”

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