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De Cardoner a la Amazonía: Agua de la misma fuente

30 Septiembre 2015
: El río Amazonas de 290 kilómetros sobre la tierra, tomadas 19 de agosto de 2014 por astronautas a bordo de la estación espacial internacional, que serpentea a través de una llanura de inundación más de 32 kilómetros de anchos, con el sunglint de la superficie del agua revela los numerosos lagos y afluentes secundarios en la llanura de inundación. Foto de: earthobservatory.nasa.gov

El río Amazonas de 290 kilómetros sobre la tierra, tomadas 19 de agosto de 2014 por astronautas a bordo de la estación espacial internacional, que serpentea a través de una llanura de inundación más de 32 kilómetros de anchos, con el sunglint de la superficie del agua revela los numerosos lagos y afluentes secundarios en la llanura de inundación. Foto de: earthobservatory.nasa.gov

Fernando López, SJ y Arizete Miranda, CNS-CSA

¿Ya ven la luz?, preguntaban los Xapori (chamanes) Yanomami a los iniciados. La noche anterior la pasaron en la selva, purificándose y preparándose. ¿Ya ven la luz?, insistían, mientras rezaban cantando y danzando con sus cuerpos pintados y las cabezas cubiertas de plumones blancos de Águila Real. Del cielo veían bajar unas lucecitas brillantes, como pequeñas plumas blancas flotando, que les hablaban. Una de ellas se detuvo delante de los iniciados y preguntó: “¿Quiénes son esos que se están iniciando junto con los yanomami?” Los Xapori contestaron: “Ellos son amigos napë (blancos) que luchan junto con los yanomami para defender Urihi (selva, tierra, territorio).” Los espíritus confirmaron: “Si son amigos de los yanomami y defienden Urihi, pueden continuar iniciándose.” Entonces las plumas blancas subieron hasta desaparecer en el cielo, confundiéndose con la luz brillante del sol. Y los Xapori, continuaron rezando, cantando y danzando junto a los iniciados, animándoles y preguntándoles: ¿Ya ven la Luz?

Compartimos búsquedas, experiencias y reflexiones sobre Espiritualidad y Ecología a partir de nuestra misión en el Equipo Itinerante de algunos cuestionamientos: ¿Tienen los pueblos indígenas de la Amazonia, desde sus tradiciones espirituales, cosmovisiones y saberes milenarios, una palabra que ofrecer al mundo frente a la crisis ecológica del planeta y espiritual de sus habitantes? ¿Tiene el mundo occidental globalizado algo que aprender de la Amazonia y sus pueblos indígenas?

El Cardoner es un pequeño arroyo que pasa por Manresa (Cataluña, España). Allí, Ignacio de Loyola vivió casi un año (1522) dedicándose a la oración y la penitencia en una cueva junto al río. Cuenta en su autobiografía que en este tiempo Dios lo enseñaba como a un niño: “Una vez se me representó en el entendimiento, con gran alegría espiritual, la manera que había tenido Dios de crear el mundo; me parecía ver algo blanco de donde salían algunos rayos, y que de ello Dios hacía la luz.” Y la “iluminación del Cardoner” marcó su vida para siempre: “Me senté un rato con la cara hacia el río, el cual iba hondo. Y estando allí sentando, se me empezaron a abrir los ojos del entendimiento…Todas las cosas me parecían nuevas… Recibí una grande claridad en el entendimiento.”

Aquella “agua de Manresa,” dio a Ignacio la materia prima fundamental para los Ejercicios Espirituales, desde el Principio y Fundamento hasta la Contemplación para alcanzar Amor. Para Ignacio, los seres humanos son criaturas y las “cosas” son más que “cosas”: también son criaturas hermanas de creación. Francisco de Asís (inspirador de Ignacio) ya cantaba esta hermandad universal cuatro siglos antes (s. XII). Para Ignacio, todas las criaturas son dones que provienen del amor fecundo y creativo de Dios. En ellas Dios mismo habita, se revela, se nos da y nos espera… “En Él vivimos, nos movemos y existimos” – diría S Pablo (Hch 17, 28). En adelante la pasión de Ignacio será: “Amar y servir a Dios en todas las cosas y a todas en Él,” amando y sirviendo a todos los seres de la creación en el mundo.

El Amazonas es el río más largo y caudaloso del mundo. Allí llegaron los primeros jesuitas en 1606. Durante el primer periodo de misión (s. XVII-XVIII), los jesuitas itineraban de comunidad en comunidad, como caballería ligera por los ríos y selvas. Visitaban y acompañaban las comunidades alabando, reverenciando y sirviendo al Creador en todas sus criaturas: en los indígenas y en las otras cosas sobre la haz de la tierra. Aquellos compañeros de Ignacio aprendieron con los indígenas a ser cuidadosos y firmes defensores del jardín de la Amazonia. Muchos, como Samuel Fritz, SJ, comprometieron radicalmente sus vidas con sus hermanos indígenas hasta la muerte. Defendieron la Amazonia sus pueblos de la depredación, esclavitud y codicia de los conquistadores, enfermos por la “fiebre de El Dorado.”

En diciembre de 2011, Panchita, Raimunda, Arizete y Fernando, hicimos parte del viaje del P Fritz. Más de un mes de travesía (2,500 km) visitando y dando talleres en las comunidades por donde pasábamos. Fue una itinerancia dura. Pero como siempre ocurrió en estos años de itinerancias, Dios se hizo Cuidado y Providencia en las manos sencillas y acogedoras de los indígenas y comunidades que nos recibieron.

¿Cómo cultivaban aquellos misioneros de antaño esa “intimidad itinerante y comunión misionera” (Papa Francisco), esa espiritualidad itinerante a la intemperie, vivida y transmitida por su maestro Ignacio – el Peregrino – conectada íntimamente con “Dios en todas las cosas y todas en Él? ¿Qué les animaba a atravesar fronteras geográficas y simbólicas en los dos sentidos, aunque les costase la vida?

Hoy, frente a la “crisis” y los desafíos del mundo globalizado, nos sentimos perdidos y en cogidos en nuestra misión. ¿Cómo recuperar el equilibrio y la sana tensión espiritual entre esas tres dimensiones (institución-inserción-itinerancia) de servicio a la misión del Cuerpo Apostólico, que Ignacio y los primeros compañeros inspirados diseñaron para la “mayor gloria de Dios y bien de las almas?”

La Amazonia es hoy la selva húmeda tropical mayor del mundo. Una de las regiones geológicas, biológicas y culturales más ricas del planeta; uno de sus mayores y más complejos biomas. Sus 7,8 millones km2 (15 Españas) se extienden por 9 países. Su diversidad socio-ambiental es riquísima. 34% de los bosques primarios del planeta, fundamentales para la captación del carbono y el ciclo del agua; 1/3 de la biodiversidad y stock genético del mundo (muchas especies aún desconocidas); 20% del agua dulce no congelada (desagua 220 mil m3/s). Es la red fluvial navegable más extensa de la tierra (100 mil km). Y una de las mayores provincias minerales del planeta. La presencia humana en la Amazonia tiene más de 11 mil años. La población actual es de 33 millones (70% en las ciudades): migrantes, comunidades ribereñas, mestizos, caboclos, y sólo 3 millones de indígenas de 385 pueblos conocidos. En el año 1500 eran 5 millones de indígenas en la región, exterminados por las enfermedades y violencia de los invasores europeos. A pesar de todo, los pueblos indígenas resistieron y la Amazonia es hoy la región del planeta con mayor población “sin-contacto” con occidente. Cada día aparecen nuevos grupos de “indios aislados” amenazados de exterminio por el avance depredador de la civilización. “Los pueblos indígenas es exterminado y desaparece, un rostro de Dios muere y toda la humanidad y el cosmos se empobrecen” – sentencia el sabio Bernardo Sateré-Mawé.

En la actual coyuntura de crisis ecológica-espiritual, socio-ambiental global y del modelo depredador de desarrollo económico, la Amazonia ha dejado de ser “patio trasero” para convertirse en “plaza central” del planeta. Una región prioritaria de alto interés geopolítico y estratégico, disputada por las grandes potencias que codician su biodiversidad y recursos naturales. Los más pobres, vulnerables y pueblos indígenas están en medio del “fuego cruzado” y son víctimas de la creciente presión, violencia y muerte.

Los líderes indígenas preguntan perplejos: “¿Por qué ustedes blancos solo piensan en dinero y están dispuestos a cualquier cosa por dinero? Tierra, agua, aire, árboles, animales, ¿todo es dinero? ¿Cómo no ven en ellos la mamá y los hermanos y hermanas que nos cuida y ayudan? ¡Ustedes están enfermos! ¿Por qué entonces envenenan el aire y cagan en el agua que van a beber?”

Los Yanomami dan una cálida bienvenida a Fernando López, SJ, el autor de este artículo. Foto de: magisradio.blogspot.com

Los Yanomami dan una cálida bienvenida a Fernando López, SJ, el autor de este artículo.
Foto de: magisradio.blogspot.com

Kopenawa Yanomami denuncia y anuncia: “Estamos cansados de escuchar que los pueblos indígenas somos un impedimento para el desarrollo. Muy por el contrario, somos semillas de solución a los grandes problemas que el mundo occidental ha impuesto a toda la humanidad y al planeta.”

Los pueblos indígenas son ensayos milenarios de solución, de conexión espiritual, de reciprocidad y cuidado con la naturaleza. En las culturas amazónicas es normal que las indígenas amamanten crías de distintos animales. Si les preguntas: ¿Por qué das de mamar a ese animalito? Responden: “Igual que la mamá jabalí se sacrificó para alimentarnos, yo tengo que amamantar a sus hijitos para que mañana mis hijos y los suyos se sigan ayudando.”

Los Obispos Latinoamericanos lo reconocen: “La Iglesia agradece a todos los que se ocupan de la defensa de la vida y del ambiente. […] Valora especialmente a los indígenas por su respeto a la naturaleza y el amor a la madre tierra como fuente de alimento, casa común y altar del compartir humano” (DA 472).

Somos eternos aprendices. “Vivir y no tener la vergüenza de ser feliz. Cantar y cantar y cantar la alegría de ser un eterno aprendiz” – canta Gonzaguinha. ¿Cómo re-aprender en esta “selva” la sabiduría de la reciprocidad, la espiritualidad del cuidado, la justicia socio-ambiental, el paradigma del buen “buen vivir – buen convivir” de los pueblos indígena?” Para vivir y ser felices hay que reconectar nuestras raíces y con humildad “descalzarse, porque la tierra que pisamos es sagrada” (Ex 3,5).

“¿Qué podemos hacer juntos?” preguntaba el Xapori Kopenawa después de varias décadas de lucha, sufrimiento y muerte defendiendo su territorio. Hay que unir esfuerzos entre las “dos selvas”: la amazónica y la de asfalto y hormigón de los países ricos (¡mucho más peligrosa!). ¡Una selva sin la otra no tiene solución! Hay que dar la batalla en esta selva consumista y mercantilista, o la Amazonia y sus pueblos serán depredados. Al final, es para mantener este sistema capitalista de desarrollo, depredador e insostenible, que las empresas y el gran capital están invadiendo, comprando y vendiendo, la Amazonia y cuanto la habita. Pero advierten los científicos que si la Amazonia se destruye serán impredecibles los impactos sobre el equilibrio sistémico del planeta y todas sus formas de vida.

¿Cómo avanzar juntos en esta dirección (re-conexión)? “¡Vamos a luchar hasta el último indio!” Afirmaba enérgicamente una mujer Makuxi frente a la violencia de pistoleros encapuchados de una empresa de agro-negocio invasora de su Tierra Raposa Serra do Sol: diez indígenas fueron heridos de bala (Mayo/2008); más de veinte ya habían sido asesinados. También muchas personas aliadas derramaron su sangre con los indígenas por defender aquella selva. Y en esta selva de asfalto y hormigón, ¿estamos dispuestos a luchar con ellos y como ellos, “hasta el último indio”?

Después de su visita a la Región Amazónica de Brasil (Set/2008), el P Adolfo Nicolás escribe: “En la Amazonia se traba una de las grandes batallas para preservar el equilibrio ecológico del mundo y es el hábitat de una gran variedad de pueblos indígenas que, en su conjunto constituyen una gran riqueza cultural y humana terriblemente amenazada. La preservación de la Amazonia es una batalla que la humanidad no puede perder y la Compañía está y debe estar luchando por esta causa. Justamente la CPAL (Conferencia de Provinciales Jesuitas de América Latina) considera la Amazonia como una de sus prioridades. La Región Amazónica […], necesita de apoyo con recursos humanos y materiales para cumplir su misión. Varias provincias de dentro y de fuera de América Latina dieron y continúan dando generosamente este apoyo, quiero hacer la invitación para que otras sigan este ejemplo y consideren que, al hacerlo, contribuyen con la misión de la Compañía universal en la promoción de relaciones justas con la creación. Que Nuestro Creador y Señor, que habita en las criaturas, nos haga en todo amar y servir a su divina majestad.”

Decía D Romero: “¿Para qué sirve la sal si no se pone donde se cuecen las habas?” Hoy las “habas” de la vida del Planeta se cuecen en la “olla” de la ecología. Para enfrentar la crisis ecológica es fundamental que los líderes espirituales del mundo junten su “sal” y ayuden a la humanidad a reconectarse con ella misma, con sus raíces espirituales más profundas, con la Madre Tierra que la amamanta y sustenta, con el cosmos y el Misterium que lo habita y vivifica. Es urgente que en torno a la olla común de la ecología, alrededor de la misma mesa y en pie de igualdad, puedan sentarse los líderes espirituales, humanistas y especialistas, científicos y políticos, para buscar juntos caminos de vida para la humanidad y todos los seres del planeta, para hoy y para el mañana.

El Papa Francisco asumido el nombre del Santo de Asís pero, sobre todo, abrazó su compromiso profético con sus hermanos los pobres y con su hermana la naturaleza. Ya en su homilía de inicio de pontificado (19/03/2013) expresa: “Quisiera pedir, por favor, a todos los que ocupan puestos de responsabilidad en el ámbito económico, político o social, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad: seamos custodios de la Creación…” Desde entonces, en sus declaraciones y documentos, continúa interpelando a la humanidad y sus líderes sobre la responsabilidad ecológica.

Salvando las distancias, contextos históricos y culturales, el pequeño arroyo Cardoner y el inmenso río Amazonas son “agua de la misma fuente.” También el profundo caudal espiritual de la humanidad, con su diversidad de corrientes y tradiciones, es alimentado por la misma Fuente. Los verdaderos místicos, chamanes y líderes espirituales en lo esencial se entienden. Todos ellos han sido iluminados y bañados por la Luz y el Agua que brota de la misma Fuente.

¿Ya ven la luz? – preguntan los Xapori Yanomami a todos los que estamos siendo “iniciados”… Y después de la obscuridad del túnel, una luz brillante lo iluminada todo, haciendo nuevas todas las criaturas: “Dios en todas las cosas y todas las cosas en Él,” del Cardoner al Amazonas, ¡Agua de la misma Fuente!

El Equipo Itinerante nace en 1998 con la inspiración e impulso profético del P Claudio Perani, SJ, primer superior del Distrito de los Jesuitas de la Amazonia (DIA, Brasil, 1995). El Equipo es un espacio interinstitucional de servicio a la Amazonia y sus pueblos, especialmente allí donde las heridas están más abiertas las fronteras, geográficas y simbólicas, en los sentidos.

Fernando López nació en Canarias, España (1960); entró en la Provincia de los Jesuitas del Paraguay (1985) y es destinado a la Misión Amazónica y al Equipo Itinerante (1998-2012). Arizete Miranda nació en el Amazonas Brasileño (1959); pertenece al pueblo indígena Sateré-Mawé (Tupí-Guaraní); entró en la Congregación de Nuestra Señora-Canónicas de S Agustin y es destinada al Equipo Itinerante (1998-2013).

Este artículo es parte del 2015 Anuario de la Compañía de Jesús centrada en la ecología, publicado por la Curia Generalicia de la Compañía de Jesús en septiembre de 2014. Ecojesuit recibió permiso para reportajes de esta publicación.

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Este artículo también está disponible en:: Inglés, Francés

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One Response to De Cardoner a la Amazonía: Agua de la misma fuente

  1. daniel en 17 Diciembre 2016 en 6:25 pm

    El Cardoner no es un “pequeño arroyo que pasa por Manresa”!!! Es un río completamente, con su caudal. No soy fan de Manresa, pero se nota que usted no ha visto el río ni sabe de lo que habla. Infórmese mejor de las cosas. No sé de dónde ha sacado eso de “pequeño arroyo”.

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