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Ecología católica desde la mirada social y pastoral, 2015: Red Eclesial Pan-Amazónica (REPAM)

15 Abril 2015

2015_04_15_Reflection_Photo1Michael Czerny, SJ

Desde 1974, he tenido la suerte de visitar siete de los nueve países amazónicos (Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, Brasil, Guyana, Surinam y Guyana Francesa), así son algo más o más o menos familiar. Pero sólo hace poco descubrí que he estado visitando la ¡Pan-Amazonia!

Gracias al descubrimiento hecho por ustedes, ahora miramos la región con una perspectiva nueva e importante, con una mirada social y pastoral, como nos sugiere el título de esta reflexión introductoria. Somos desafiados ad observar con una mirada comprensiva y exhaustiva, que abarca todos los aspectos importantes, sin sacrificar ninguno. En breve, el título “ecología católica” quiere decir una ecología muy comprometida.

Por lo tanto, les propongo cuatro puntos de reflexión: I) ¿qué es la ecología?, II) ¿quién va a leer la encíclica?, III) ¿de qué tipo de ecología se trata?, y IV) Conclusión: ¡Adelante, REPAM!

I) ¿Qué es la ecología? Cuatro palabras claves se interrelacionan:

Medio ambiente viene del latín ambire, que significa “ir alrededor de, rodear”; utilizado originalmente para referirse al aire u otros fluidos. De manera muy similar, en inglés la palabra environment deriva del francés environnement (de virer, “girar” o “virar” y de environ, “alrededor”); de donde salen las expresiones “dar vuelta” y “lo que hay alrededor.” El medio ambiente no se refiere únicamente a lo que nos rodea en términos de la vida biológica – humana, animal o vegetal – sino también sugiere prestar más atención en cómo la contaminación puede dañarlo.

Ecología comienza con las tres letras “eco” del griego oikos, que significa “casa u hogar,” a las que sigue logos, que significa “discurso, significado, sentido.” Entonces la ecología habla elocuentemente de la tierra, de nuestro hogar. El término moderno de ecología fue introducido por el biólogo Ernesto Haeckel en 1869, como parte del estudio científico de los seres vivos y su relación con su entorno. El medio ambiente es una ‘”obra admirable del Creador,” y por eso mismo “lleva en sí una «gramática» que indica finalidad y criterios para un uso inteligente, no instrumental y arbitrario” (Caritas in Veritate, § 48).

En la Carta encíclica Caritas in Veritate, el Papa Benedicto relaciona la ecología con otras dos palabras que comienzan con letras similares. Economía comienza con oikos, a la que sigue la palabra nomos “regla” o “ley”; mientras que ecuménico viene de oikos y se convierte luego en oikoumenē gē, “todo el mundo habitado” y todos sus habitantes, incluyendo a nuestros descendientes. Las tres palabras que comienzan con oikos indican cómo debemos vivir y comportarnos en nuestro planeta, el hogar de todos nosotros.

Además, cada una de las cuatro palabras clave sugiere una cualidad o virtud que necesitamos para aceptar el don de la naturaleza que nos regala Dios:
Medio ambiente invoca conciencia, sensibilidad
Ecología impone responsabilidad,
Economía requiere justicia, y
Ecuménico recuerda la unidad, no sólo global, sino también entre
generaciones.

En estas cuatro palabras también descubrimos una interrelación entre algunas de las dimensiones de nuestro conocimiento católico y pan-amazónico. No necesitamos una ecología limitada y circunscrita, sino una ecología amplia, generosa y profunda que abarque todo el territorio. Por lo que nuestro eco-logos es profundamente humano, es extraordinariamente medio-ambiental, es realmente económico, y es estratégicamente ecuménico. Estamos llamados a proteger y cuidar de la creación y de la persona humana. Estos conceptos son recíprocos y juntos contribuyen a impulsar un desarrollo humano auténtico y sostenible. ¡Hablar de medio ambiente y de ecología significa hablar de un asunto primordial!

En cada Eucaristía, el celebrante dice, “Bendito seas Señor, Dios del universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad, y ahora te presentamos, que será para nosotros, pan de vida…” ¿Qué impresión les causa a ustedes, miembros y amigos de REPAM, esta oración tan familiar? Para mí expresa las relaciones dinámicas en las que existimos y actuamos, recibimos y damos, oramos y trabajamos. En estas palabras, encontramos todo el universo, la tierra fecunda y algo de pan, la generosidad de Dios, el trabajo humano y nuestras ofertas… Con estas palabras, el Papa emérito Benedicto XVI nos haría aceptar la renovada “invitación apremiante a respetar el ambiente natural, un valioso recurso encomendado a nuestra responsabilidad.”1 Nuestro eco-logos es profundamente espiritual, teológico, litúrgico y práctico (orientado a la acción).

II) ¿Quién va a leer la tan esperada encíclica sobre la ecología? ¿Cómo debería leerse la encíclica?

Mi convicción es que todos y cada uno de nosotros tenemos que leer la encíclica de tres maneras complementarias: como creyentes, como habitantes del planeta tierra y como ciudadanos de un país particular.

1) Por eso, comenzaré primero con los lectores como creyentes. Todos los seres humanos son creyentes. La gran mayoría son creyentes religiosos.2 Una minoría niega “ser religiosos” o “tener fe” o estar afiliados, pero incluso ellos necesitan asumir la responsabilidad de sus creencias. El cambio climático, la trata de seres humanos, la Pan-Amazonia, son cuestiones que implican la fe o las creencias de cada uno.

Así, cuando hablamos de ecología y de la encíclica, la primera forma en que podemos leerla es como creyentes.

Escrita por el Santo Padre Católico y ante todo dirigida a los líderes y miembros de la Iglesia, la encíclica ayudará seguramente a nosotros los católicos y a otros cristianos a redescubrir las tan necesarias raíces teológicas y espirituales de nuestras preocupaciones ecológicas. En segundo lugar, ayudará a los hermanos creyentes en otras confesiones a redescubrir sus propias raíces religiosas y espirituales, y tal vez a aprender de las nuestras. Y en tercer lugar, los que son desconfiados u hostiles podrían apreciar tales raíces y quizás descubrir su importancia, utilidad y valor.

Hay quien puede pensar que la fe es un añadido opcional al compromiso ecológico. Esta proposición sería equivalente a afirmar que los cimientos de un edificio son opcionales. Porque gracias a la fe sabemos que somos creaturas (no el fruto accidental o fortuito de casualidades o fuerzas ciegas). “La Madre Tierra” y “La Familia del Hombre” son expresiones hermosas pero pueden volverse decorativas, o meramente retóricas. Durante la Cuaresma somos especialmente conscientes de los graves obstáculos que nos impiden comportarnos como se debe. ¿Cuáles son los obstáculos a una verdadera ecología y al desarrollo humano integral? La codicia, la falta de visión, el consumismo, el egoísmo, el chovinismo, el racismo, etc., etc., etc. O sea, el pecado. Triste, pero cierto.

Es gracias a la fe que llegamos a creer que somos hijos e hijas de un Padre cariñoso, que aprendemos, aunque ¡lentamente!, a comportarnos como hermanos y hermanas; que aprendemos, ¡siempre lentamente!, a expresar nuestra gratitud por todo lo que Dios ha creado y, por último, a custodiarlo. Es gracias a la fe que nos sentimos vinculados entre sí como hermanos y hermanas, incluso con aquellos que están por nacer.

2) Ahora paso a hablar de “los habitantes de la tierra.” Los lectores de la encíclica son también habitantes del planeta. Como co-habitantes de la tierra, deberían leer la encíclica, debido a que todos tenemos que afrontar los problemas que surgirán.

Ningún habitante del planeta, tanto ahora como en el futuro, podrá afirmar: “Eso no me implica, la ecología no me concierne, no me interesa.” Cada habitante, en la medida de sus capacidades y circunstancias, necesita estar informado y debe informarse.

¿Acaso alguien podría decir: “Yo no soy un experto en clima, por lo tanto no soy competente en esta materia”? De hecho, la gran mayoría de nosotros no somos estudiosos del clima, pero cada uno de nosotros sí debemos conocer la situación para cumplir con nuestras responsabilidades como creyentes y como habitantes de la tierra.

Por su parte, los científicos han hecho todo lo posible por conocer a fondo el problema, mediante la recolección de la mayor cantidad de datos posibles, colaborando con muchas especialidades, y con la puesta en común de sus competencias; con todo ello han llegado incluso a un consenso y a dar sus recomendaciones.

Así nos hacemos las siguientes preguntas: ¿es el hombre quién ha causado el cambio climático? ¿O es este un proceso cíclico de la naturaleza? ¿O el cambio climático es provocado por los dos? Cualesquiera que sea la causa, debemos preguntarnos: ¿hay algo que se pueda hacer? Lo que es indiscutible es que nuestro planeta se está calentando.

De hecho, el Quinto Informe de Evaluación (2014) del Panel Intergubernamental de la ONU sobre el Cambio Climático, fue muy duro. En palabras de Thomas Stocker, copresidente del primer Grupo de Trabajo del IPCC: “Según nuestra evaluación, la atmósfera y los océanos se han calentado, la cantidad de nieve y hielo ha disminuido, el nivel del mar ha subido y la concentración de dióxido de carbono ha aumentado a niveles sin precedentes en los últimos 800.000 años.”3 Esto es el consenso de más de 800 científicos del IPCC. Representa un gran reto para el futuro.

Ahora depende de nosotros, los no científicos y creyentes, los habitantes de la tierra, llegar a una conclusión y darle seguimiento.

Como muchos de nosotros, el Papa Francisco, en la preparación de su encíclica, se ha enfrentado al reto de valorar correctamente el consenso científico sobre el cambio climático, sus causas y consecuencias, así como los recursos necesarios. A mi juicio, el líder religioso del mundo recurre a su fe, a la doctrina de la Iglesia, y a la mejor información y asesoramiento disponibles, y nos indicará como cada uno de nosotros debemos llegar a juzgar, a decidir y, finalmente, a actuar. Y la palabra “actuar” nos lleva a …

3) … la tercera “lectura” de la próxima encíclica, cuando la leemos como ciudadanos. Además de ser creyentes y habitantes, cada uno de nosotros es también residente de una aldea, pueblo, ciudad; así como también ciudadano de un Estado soberano. En cada nivel mencionado, existen responsabilidades ecológicas y la toma de decisiones.

Aunque se trata de cuestiones más globales como los océanos, el clima o la Amazonía, las decisiones se toman habitualmente en cada Estado. Es principalmente el gobierno de cada país quien decide acerca de la ecología y del cambio climático. Pero, es como ciudadanos de nuestro país que podemos influir en la toma de decisiones y ejercer nuestra responsabilidad política sobre esas decisiones.

La nueva encíclica saldrá en un momento muy significativo: el 2015 es un año crítico para la humanidad. El próximo mes de julio, las naciones se reunirán para la Tercera Conferencia Internacional sobre Financiamiento para el Desarrollo, la que se llevará a cabo en Addis Abeba, Etiopía. En septiembre, la Asamblea General de la ONU debería concordar un nuevo conjunto de objetivos para el desarrollo sostenible, válidos hasta 2030. En diciembre, la Conferencia sobre el Cambio Climático en París recibirá los planes y compromisos de cada gobierno para frenar o reducir el calentamiento global. Por todas estas razones, los meses de 2015 son cruciales para las decisiones sobre la custodia de la tierra, el desarrollo internacional y el bienestar humano.

El último encuentro relevante para un acuerdo sobre el cambio climático tuvo lugar en Lima. El Papa Francisco lo evaluó de la siguiente manera: “El encuentro de Perú no ha sido un gran qué.” En otras palabras, creo que el Papa quería decir que en Lima no faltaron ni pruebas científicas ni propuestas de medidas concretas, sino que hubo una terrible falta de lo que llamamos voluntad política. “Me ha defraudado la falta de coraje: se han quedado a medias.” Para la toma de decisiones es necesario ir más allá de la duración del mandato de los gobiernos actuales, así como también se deber ir más allá de sus fronteras domésticas; por otra parte, también se deben tener en cuenta las necesidades y los intereses de las generaciones futuras. Los instrumentos y herramientas con las que contarán serán las políticas efectivas, las metas cuantificables, y las regulaciones vinculantes.

Nunca antes en la historia el Santo Padre y la Iglesia católica se habían pronunciado tan explícitamente acerca de un proceso global tan grande: “Lo importante es que haya un poco de tiempo entre la aparición de la Encíclica y el encuentro de París, para que sea una contribución…Esperemos que en París sean más decididos los representantes para avanzar en este tema.”4

De esta manera, después de leer la encíclica y cuando se quieran enfrentar los asuntos que ella haga emerger, corresponderá a los ciudadanos de cada país generar los apoyos, e incluso ejercer presión, para que sean tomadas las decisiones adecuadas por los líderes elegidos o designados.

III) ¿Qué tipo de ecología?

Si aceptamos que el lenguaje y la acción hacia el medio ambiente deben evitar todo exceso, entonces es lógico preguntarse: ¿cuáles son los límites reales?

El Concilio Vaticano II afirmó: “Dios ha destinado la tierra y cuanto ella contiene para uso de todos los hombres y pueblos.”5

A comienzo de los años 90, Juan Pablo II habló elocuentemente del problema del medio ambiente: “nos preocupamos justamente, aunque mucho menos de lo necesario, de preservar los «habitat» naturales de las diversas especies animales amenazadas de extinción, porque nos damos cuenta de que cada una de ellas aporta su propia contribución al equilibrio general de la tierra.”

El sumo Pontífice amplió y profundizó magistralmente el tema: “Además de la destrucción irracional del ambiente natural hay que recordar aquí la más grave aún del ambiente humano, al que, sin embargo, se está lejos de prestar la necesaria atención…nos esforzamos muy poco por salvaguardar las condiciones morales de una auténtica «ecología humana».”6

Luego, el Papa Benedicto XVI continuó desarrollando “los vínculos entre la ecología natural, o sea el respeto por la naturaleza, y la ecología humana. La experiencia demuestra que toda actitud irrespetuosa con el medio ambiente conlleva daños a la convivencia humana, y viceversa.”7

Es más, la importancia de la ecología humana se expresa en “proteger sobre todo al hombre contra la destrucción de sí mismo… Si no se respeta el derecho a la vida y a la muerte natural, si se hace artificial la concepción, la gestación y el nacimiento del hombre, si se sacrifican embriones humanos a la investigación, la conciencia común acaba perdiendo el concepto de ecología humana y con ello de la ecología ambiental.” (Caritas in Veritate, §51).

“¿Cómo es posible pretender conseguir la paz, el desarrollo integral de los pueblos o la misma salvaguardia del ambiente, sin que sea tutelado el derecho a la vida de los más débiles, empezando por los que aún no han nacido? Cada agresión a la vida, especialmente en su origen, provoca inevitablemente daños irreparables al desarrollo, a la paz, al ambiente.”8

La naturaleza humana, de la cual debería ocuparse la ecología humana, surge de lo que ha sido revelado por Dios, tal como nos lo dijera Benedicto XVI: “La naturaleza es expresión de un proyecto de amor y verdad. Ella nos precede y nos ha sido dada por Dios como ámbito de vida. Nos habla del Creador (cf. Rm 1,20) y de su amor a la humanidad. Está destinada a encontrar la «plenitud» en Cristo al final de los tiempos (cf. Ef 1,9-10; Col 1,19-20). También ella, por tanto, es una «vocación».9 La naturaleza está a nuestra disposición… como un don del Creador que ha diseñado sus estructuras intrínsecas para que el hombre descubra las orientaciones que se deben seguir para «guardarla y cultivarla» (cf. Gn 2,15).” (Caritas in Veritate, § 48).

La correlación crucial: “El modo en que el hombre trata el ambiente influye en la manera en que se trata a sí mismo, y viceversa… [E]l problema decisivo la capacidad moral global de la sociedad” (Caritas in Veritate, § 51) y veremos cómo al final, inevitablemente, todo esto afectará a la salud del planeta. Los mensajes de los Papas San Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco en materia de medio ambiente y ecología llevan a un claro entendimiento del humano dentro de la naturaleza (no opuesto o descuidado) y reconocen con gratitud la naturaleza como obra y don del Creador. ¿Qué perspectiva podría ser más importante que esta?

La Iglesia católica “también es consciente de la responsabilidad que todos tenemos respecto a este mundo nuestro, respecto a toda la creación, a la que debemos amar y custodiar.”10

En su primer mensaje de Pascua, conocido como urbi et orbi, el Papa deseó “¡Paz a todo el mundo, aún tan dividido…por la explotación inicua de los recursos naturales! ¡Paz a esta Tierra nuestra! Que Jesús Resucitado… nos haga custodios responsables de la creación.”11

Ya todo el mundo conoce muy bien el contenido de la encíclica. Además de la Evangelii Gaudium, el Papa Francisco ha hablado o escrito sobre este tema en al menos 25 veces desde su elección hace casi dos años. El propósito de la encíclica es (i) profundizar nuestra fe y espiritualidad, nuestros lazos de fraternidad y solidaridad con todos los compañeros habitantes de la tierra y todas las generaciones futuras; (ii) contribuir a convertir nuestro conocimiento parcial en la mejor sabiduría posible; y (iii) motivarnos a actuar de manera comprometida en nuestras ciudades, pueblos y aldeas, y de forma organizada; esto también es válido en nuestras vidas personales y en nuestras familias; todo esto lo debemos hacer con la mayor responsabilidad ciudadana.

2015_04_15_P&P_Photo3IV) Conclusión: ¡Adelante, REPAM!

Esta reflexión introductoria ha estado llena de preguntas. Permítanme, no obstante, una más, pero esta vez a manera de conclusión. La pregunta es esta: ¿qué clase de kairós nos sitúan los desafíos de la ecología y del cambio climático? “En un momento funesto,” podríamos decir, y agregaríamos que la codicia, la estupidez, el orgullo, el descuido y la arrogancia humana han ocasionado daños irreversibles que hacen que nos encontremos en el filo de la autodestrucción. El ser humano destruye el planeta, su único hogar. Si salimos vivos de esta crisis, sería una especie de “segunda mejor” operación de salvamento.

Sin embargo, quizás exista otra manera de ver esta situación. Hasta hace poco, la naturaleza con sus fuerzas poderosas y sus procesos misteriosos parecían ser totalmente responsable, y tenía a los seres humanos a su merced, luchando por sobrevivir y ganarse los medios de vida a duras penas. Si bien este cuadro descrito es una verdad para las mayorías, especialmente para las mayorías vulnerables, actualmente todos los seres humanos son forzados por la crisis ambiental a desarrollar y a asumir nuevos niveles y nuevas clases de responsabilidad. Por primera vez, y con madurez, debemos ejercer una responsabilidad compartida sobre el planeta, que es nuestra casa común. ¿No será este nuestro actual kairós?

Considerada la tierra como un todo, la Pan-Amazonia es una enorme parte de ella. La Pan-Amazonia requiere, seguramente, todas las dimensiones de la ecología que hemos contemplado, tanto la humana como la ambiental; la Pan-Amazonia requiere una fe profunda, con dimensiones de conciencia, responsabilidad, justicia, unidad… tanto globales como intergeneracionales; la Pan-Amazonia requiere un compromiso fuerte y prolongado, siempre realizado en red.

Antes del nacimiento de REPAM, tal vez nosotros nos encontrábamos atrapados en limitaciones y fragmentaciones, confinados cada uno en su propio mundo de ideas y proyectos, cada uno ocupado en sus propias casillas y en nuestro pequeño mundo, pero probablemente sin poder abrazar los desafíos que nos lanza la Pan Amazonia en todas sus dimensiones. Pero ahora que la encíclica interpelará a cada creyente, a cada habitante y a todo ciudadano a la conversión, a la responsabilidad y a la acción, así mismo la REPAM se mantendrá intentando encargarse de una realidad tan compleja y cambiante. Todo esto implicará transparencia en la comunicación, la información unificada, el compartir recursos y mantener la colaboración vigente.

Al reunir a todas las personas como creyentes, habitantes, ciudadanos en un gran territorio para hacer frente a los problemas que superan las capacidades de cualquier país, REPAM está creando una nueva forma de asumir nuestras responsabilidades comunes como creyentes, habitantes de la tierra y ciudadanos… ciudadanos ahora no sólo de los propios países, sino de regiones internacionales más grandes y tal vez un día ciudadanos del mundo.

“Su presencia es determinante para el futuro de la zona,” dijo Papa Francisco a los obispos brasileños en julio de 2013. Estas 10 palabras resumen bien tanto su desafío a la REPAM y su impulso a la red de contactos. Su oración y la nuestra por REPAM, en su mensaje al primer encuentro de Brasilia: “Que el fermento cristiano fecunda y haga progresar a las culturas vivas de la Amazonia y sus valores.”

2015_04_15_Reflection_Photo3Michael Czerny es con la Oficina del Presidente, Pontificio Consejo “Justicia y Paz” y se puede llegar a través de su correo electrónico m.czerny(at)justpeace.va. Su reflexión sobre la ecología fue dado a conocer durante la presentación de REPAM en el Vaticano de 2015 Marzo 2 y se reproduce en el Pontificio Consejo “Justicia y Paz” .

Notas finales:
1 Benedicto XVI, Angelus, 15/11/2009.
2 Un exhaustivo estudio demográfico realizado en más de 230 países y territorios por el Pew Research Center’s Forum on Religion & Public Life ha descubierto que más de ocho personas de cada diez en el mundo se identifican con un grupo religioso. El informe estima que en el mundo hay 5,8 mil millones, entre adultos y niños, afiliados religiosamente, lo que representa el 84% de los 6,9 mil millones de la población mundial censada en 2010 (Diciembre de 2012).
3 http://www.un.org/climatechange/blog/2014/11/climate-change-threatens-irreversible-dangerous-impacts-optionsexist-limit-effects/
4 Papa Francisco, Encuentro con los periodistas durante el vuelo hacia Manila, 15.01.2015, en respuesta a la pregunta de Gerry O’Connell.
5 Gaudium et Spes, § 69.
6 Juan Pablo II, Centesimus Annus, § 38.
7 Benedicto XVI, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2007, § 8.
8 Benedicto XVI, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2013, § 4.
9 Juan Pablo II, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 1990, § 6.
10 Francisco, Discurso a los representantes de las Iglesias y comunidades eclesiales y de otras religiones, 20/03/2013.
11 Francisco, Mensaje urbi et orbi, 31/03/2013.

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