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El cambio climático y el diálogo sobre valores

15 Septiembre 2013

La vida serena en Gällnö (archipiélago de Estocolmo), donde la cultura y el agua están cambiando, es un lugar para la reflexión. Foto de: P Walpole

José Ignacio García, SJ y Pedro Walpole, SJ

La sostenibilidad de la Tierra está en el centro de la promoción global de los principios ignacianos y del grupo coordinador de la red GIAN-Ecología, que se reunió durante la Semana Mundial del Agua en Estocolmo, en la primera semana de septiembre.

Un principio simple que estaba claro es que cuando se parte de un contexto o discusión que genera miedo, es más difícil llegar a la esperanza. Por otro lado, nosotros humildemente aprendemos a vivir dentro de la realidad de un mundo que compartimos con los demás y con todas las formas de vida, y a partir de esta sencilla y profunda reflexión combinada de relaciones y esperanza nos propicia diferentes opciones. De esta manera, ayudando a las personas para contemplar y prepararse para una vida simple, nosotros entonces podemos movilizar capacidades. El sentimiento de pertenencia y compromiso son valores fundamentales en esta acción para la presente generación.

La participación en la Semana Mundial del Agua fue un valioso ejercicio para hacer contactos. Nos centramos en temas y oradores específicos una vez analizado el programa del evento, y aunque algunos contactos se realizaron de manera azarosa durante los seminarios y talleres, fue durante los descansos para el café donde se crearon interesantes conexiones para GIAN-Ecología. Fuimos muy afortunados de contar con nosotros con Andreas Carlgren, quien nos puso en contacto con personas clave del Stockholm Environment Institute: Johan Kuylenstierna  cuyo trabajo se centra en la seguridad alimentaria a nivel global, Madeleine Fogde  que trabaja en saneamiento y agricultura y Louise Karlberg que lo hace en el manejo de recursos hídricos. La investigación científica y técnica les ha llevado al análisis que confirma que el mundo está soportando una situación por encima de sus posibilidades y nos enfrentamos a la necesidad de actuar ahora como población de manera amplia más que esperar lo que puedan llevar a cabo gobiernos o nuevas regulaciones económicas.

Las conversaciones con numerosas personas giraron en torno a la necesidad de observar la situación con mayor esperanza e impulsar la acción, y para ello, la importancia que juega el tener valores claros en la vida, apuntando que es fundamental una actitud de vivir de un modo sencillo. Nuestras instituciones gubernamentales y gran parte de la sociedad secular no incorporan un sistema de valores, y por tanto la juventud en general y los jóvenes profesionales en particular, se enfrentan a la inseguridad del trabajo y una “ética” consumista, sin apenas fomentar la reflexión, para llevarles hacia la toma de decisiones y crear la esperanza que esta generación necesita. Incluso nuestras instituciones jesuitas de educación superior tienen el reto de acompañar a sus estudiantes en el aprendizaje de cómo tomar decisiones en la vida.

En nuestras discusiones estos días, esperanza, cuidado, sencillez, y la profundización de los valores formaron el núcleo de nuestras conversaciones con ejes que deberían ir hacia la curación, la participación, el intercambio, la creación de redes, y la urgencia de que éstas se extiendan hacia el exterior. La base de esto se ve en el sistema de creencias, que mantiene unida a una comunidad y que permite la comprensión de la vida. El sufrimiento es parte de la experiencia humana y la base del compromiso no es simplemente un enfoque de ganar siempre, sino de reconocer humildemente las necesidades que tienen todos los seres que co-habitamos en, y a lo largo de este único mundo, esta Tierra.

La Tierra está reaccionando hoy a una “cuádruple compresión” llevada a cabo por cuatro presiones, tal como nos contó Johan Rockström, director del Stockholm Resilience Centre: el crecimiento humano y la desigualdad, la pérdida de ecosistemas, el dilema climático, y el problema de la sorpresa – los puntos de inflexión rápidos. Más tarde matizó que el crecimiento humano no es el problema per se, sino el problema es la distribución desigual de la riqueza (y recursos), y los millones de personas que desean un estilo de vida consumista. El cambio no se produce de manera lineal, ni simplemente de manera exponencial (como un palo de hockey) como ha ocurrido en los últimos 50 años desde que la aceleración de la economía de combustible fósil. Ahora hay cambios erráticos. El daño a los arrecifes del Caribe, sabanas que se convierten en desiertos, fugas de metano en la tundra siberiana, el derretimiento del Ártico y la inusual trayectoria del huracán Sandy (que se cree ahora que es debido a la caída del vórtice Ártico), son ejemplos de lo inesperado.

Durante algunas discusiones sobre la gestión transfronteriza del agua y los distintos sistemas de gestión, personas como Aaron Wolf, profesor de geografía en la Universidad Estatal de Oregón, en sus presentaciones públicas hablaron de la importancia en esta etapa de la espiritualidad en la mediación y la comprensión como valores que están profundamente arraigados en las personas.

Nuestras conversaciones también giraron en torno a la forma de comunicar los hallazgos científicos y económicos. Una publicación de un hecho científico relevante para la humanidad en la revista Nature, por ejemplo, puede suscitar un debate en las cartas al director durante un par de semanas o la participación directa de unos pocos cientos de personas a lo sumo. Por otro lado, el cambio en la teoría económica se ha traducido en pequeñas modificaciones del modelo neo-liberal. Los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODMs) están siendo muy lentos en alcanzar el impacto deseado y son sólo una parte para abordar el “problema” del desarrollo. Conversamos también que los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible son muestra de una mayor experiencia obtenida a partir de los ODMs y es realmente prometedora esta nueva visión, pero tenemos que conseguir un nuevo diseño económico y la participación de la sociedad civil capacitada para abordarlos.

Todos estos debates se centraron, en resumidas cuentas, en la necesidad de proporcionar valores claros a la sociedad que nos ayude a vivir una vida sencilla más cerca de la tierra. Existen múltiples experiencias locales al respecto de vidas sencillas con multitud de valores entre los que se encuentra el cuidado de la naturaleza, pero aún no se cuentan de la manera que sería deseable dentro de una sociedad consumista. El reto identificado es, cómo comunicar y difundir estos valores de compartir y cuidar; cómo relacionar el logro de las necesidades básicas, por un lado, y vivir de manera simple en una economía consumista tal y como está establecida. Tenemos que centrarnos en un lenguaje y una pedagogía que sea fácilmente comprensible y que haga comprometerse a las personas.

Amartya Sen, considerada en la actualidad como la “conciencia de la economía,” lleva más de 30 años hablando de las oportunidades que tiene la gente de tener en función de lo que hacen y ser lo que valen. Esto se ha convertido en el “enfoque de capacidades” siendo la igualdad la que trató de transformar las realidades sociales, no los recursos, ingresos u otros indicadores. Pero incluso esto tiene una dimensión relacional que nos mueve, como fue desarrollado por el Dr Séverine Deneulin y Augusto Zampini Davies en Life lived to the full, un artículo publicado en el número del 31 de agosto 2013 del semanario The Tablet.

El Instituto Newman  en Upsala se ha convertido en este panorama como un punto internacional de diálogo en Suecia, y está interesado en participar en cuestiones de valores culturales y sociales que contribuyan a mantener a la Tierra. Al abordar el proceso de un diálogo sobre los valores y la interacción de estos valores que protegen la Tierra, nos damos cuenta de que tenemos que compartir pensamientos, elaborar documentos y estimular en la gente respuestas y reacciones. Sería sustancial tener un diálogo sobre la importancia de los valores en relación a la necesidad económica y científica actual para un cambio social urgente hacia el año 2015.

Aprender a compartir el agua, compartir el mundo y compartir la vida en definitiva, es el desafío que sacamos de este encuentro; cómo abordamos el compromiso de las generaciones actuales que buscan valores más profundos y su significado en la vida, a la vez que mantenemos y protegemos a la Tierra.

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Este artículo también está disponible en:: Inglés

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