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El espíritu de adaptación, reducción de la vulnerabilidad, y procesos decisorios en la reconciliación con la creación

El espíritu de adaptación, reducción de la vulnerabilidad, y procesos decisorios en la reconciliación con la creación

“Los efectos del cambio climático ocurren en todos los continentes y en los océanos según el informe IPCC “Cambio climático 2014: Impacto, adaptación y vulnerabilidad.”  Mientras que la mayoría del mundo es mal preparados para responder a los riesgos del cambio climático, hay oportunidades para responder.  Riesgo de cambio climático surge de la vulnerabilidad (falta de preparación) y exposición (personas o bienes en peligro) superpuestos con peligros o riesgos (provocando clima eventos o tendencias), y cada uno de estos tres componentes puede ser un objetivo para la acción inteligente disminuir el riesgo.” Foto de: un.org
“Los efectos del cambio climático ocurren en todos los continentes y en los océanos según el informe IPCC “Cambio climático 2014: Impacto, adaptación y vulnerabilidad.” Mientras que la mayoría del mundo es mal preparados para responder a los riesgos del cambio climático, hay oportunidades para responder. Riesgo de cambio climático surge de la vulnerabilidad (falta de preparación) y exposición (personas o bienes en peligro) superpuestos con peligros o riesgos (provocando clima eventos o tendencias), y cada uno de estos tres componentes puede ser un objetivo para la acción inteligente disminuir el riesgo.” Foto de: un.org

Jacques Haers, SJ y Elías López, SJ (traducción de Antonio Maldonado, SJ)

En la Formula Instituti de 1550, San Ignacio identifica la “reconciliación de los desavenidos” como una misión clave para la Compañía de Jesús. El enfoque de la Congregación General 35 sobre la reconciliación, como el llamamiento a “rectificar las relaciones con Dios, con nuestros semejantes, los seres humanos, y con la creación,” otorga un nuevo impulso a esta misión. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC por su sigla en inglés) de 2014, en el Sumario para los legisladores de Política sobre Impacto, Adaptación y Vulnerabilidad, añade concreción.

“Reconciliación con la creación” o “justas relaciones con la naturaleza,” hace referencia a un conflicto que en el Sumario se describe como sigue: “Cambios en el clima han causado impactos en los sistemas naturales y humanos, en todos los continentes y allende de los mares.” Aun teniendo en cuenta diferencias regionales, el Sumario enumera impactos de cambio climático en la obtención de alimentos, medios de vida y pobreza, salud humana, seguridad humana, servicios económicos básicos, ecosistemas, recursos de agua dulce, biodiversidad, riesgos sistémicos, etc.

Aquí, afrontamos conflictos o incompatibilidades percibidas, entre desarrollo human y la capacidad de la naturaleza para proveer los recursos para tal desarrollo. Reconciliación con la creación aspira a la positiva transformación de tales conflictos. En verdad, reconciliación es “un llamamiento a juntar de nuevo” lo que ha sido disgregado.

En nuestra contribución subrayamos tres ideas clave del Sumario, que sugieren que reconciliación con la creación es transformación del conflicto en apropiadas relaciones entre los seres humanos y su medio ambiente, en tiempos de cambio climático: adaptación y mitigación, reducción de vulnerabilidad y la adquisición de poder de recuperación, proceso decisorio y buena gobernanza.

El cambio climático puede transformarse en una oportunidad para discernir y transformar el conflicto entre los seres humanos y sus medioambientes de un modo colaborador y mutuamente ventajoso para mejorar sus relaciones dadoras de vida. La espiritualidad ignaciana recalca que una reconciliación de este tipo con la creación, va estrechamente unida a reconciliación con uno mismo, con los semejantes seres humanos (especialmente los que sufren las condiciones más vulnerables), y con Dios.

Los autores del IPCC indican la importancia de mitigación: “una intervención humana para reducir las fuentes, o realzar los sumideros de los gases de invernadero”; y adaptación: el proceso de reajuste a clima actual o al que se espera, y sus efectos” – mientras aboga pro dinámicas transformadoras, que “podrían reflejar paradigmas, metas, o valores fortalecidos, alterados o alineados, hacia la promoción de adaptación a favor de un desarrollo sostenible, que incluya reducción de pobreza.

Adaptación implica reducción de vulnerabilidad: “la tendencia o predisposición a ser adversamente afectados, […] incluyendo sensibilidad o susceptibilidad al daño, o falta de capacidad para arreglárselas y adaptarse” – pero puede alcanzar límites a causa del aumento de cambio climático. Particularmente para gente que vive en la pobreza, la capacidad para adaptarse puede verse severamente afectada: “la capacidad de sistemas sociales, económicos y medioambientales para salir del paso, ante un suceso o tendencia o alteración, que responde o se reorganiza de maneras que conservan su función esencial, identidad, y estructura, al mismo tiempo que también mantienen la capacidad de adaptación, aprendizaje y transformación.”

El informe también se centra en “el proceso decisorio en un mundo cambiante, con una prolongada inseguridad acerca de la severidad y la duración de los impactos del cambio climático, y con cortapisas a la efectividad de la adaptación” y es consciente de que el “reconocimiento de intereses diversos, circunstancias, contextos socio-culturales, y expectativas, pueden beneficiar a los procesos decisorios.” Tales procesos decisorios pueden posibilitar “transformaciones en decisiones y acciones económicas, sociales, tecnológicas y políticas,” que llevan a trayectorias de adaptabilidad-climática, conducentes a desarrollo sostenible.

El Sumario enumera actividades que buscan transformar los conflictos que surgen en el cambio climático, pero no trata de los universales recursos religiosos y espirituales disponibles en todas las sociedades, que podrían movilizar energías hacia la adaptación, como respuesta a las vulnerabilidades y procesos decisorios en una escala global.

Los diccionarios explican “espíritu” como “aliento vital.” Como el aire que respiramos es decisivo para la vida, así, tanto en tradiciones religiosas como en las seculares, espiritualidad hace referencia a una vida plena para todos. Ser espiritual, por lo tanto, significa ser capaz de dar vida en relaciones que contienen la esencia de interconectividad universal: con otros seres humanos, con la naturaleza, con lo transcendente. Espiritualidad tiene que ver con la experiencia de la trascendencia, como lo que está más allá de toda instrumentalización y hace posible una actitud contemplativa. Las experiencias místicas revelan reconocimiento profundo del más allá en todo lo que está a nuestro alcance. Las personas contemplativas están abiertas al núcleo sagrado de todas las cosas. La expresión “reconciliación con la creación” valora precisamente ese núcleo: vida humana como comunión consigo mismo, con nuestros prójimos los seres humanos, con otras criaturas, con el universo, y con el Creador. Esta reivindicación existencial yace también en el corazón de la espiritualidad ignaciana, y nosotros usaremos sus recursos para profundizar aún más en las claves del Sumario para estudiar el cambio climático.

El desafío a escuchar, buscar y encontrar a Dios en todas las cosas, profundiza el espíritu de adaptación. Mientras escuchamos a Dios, y le vemos trabajando en la naturaleza, adaptamos nuestras relaciones con ella, mientras la contemplamos para alcanzar amor. Los seres humanos ocupamos un lugar especial en la naturaleza: en ellos la creación llega a la consciencia. Pero estos seres humanos tienden a olvidar que ellos también dependen de la creación, y que no pueden separarse de sus orígenes.

Ellos están llamados a humildad, a recordar que son “humus” (tierra): ellos no pueden alzarse contra el “resto” de la creación. Tienen que enfrentarse a la lucha entre sus deseos de dominar y su consciencia que son una humilde parte de la creación. Aquí reside un llamamiento a la conversión: encontrando nuestro apropiado lugar en la creación, por medio de nuestra correcta relación con Dios. Esa conversión debería implicar que los que dañan la naturaleza pidieran perdón, como un elemento esencial dentro del proceso de reconciliación con la creación.

Jesús, durante su vida y en la cruz, nos hace conscientes de aquellos que sufren, y nos invita a la solidaridad. ¿Prestamos atención a los pobres que carecen de medios para responder al cambio climático? ¿Caemos en la cuenta de lo vulnerable que la misma naturaleza se ha hecho, mientras va perdiendo la capacidad sustentadora de sus ecosistemas y de su biodiversidad? ¿Podemos llegar a ser lo suficientemente humildes como para conectar con estos actores olvidados, hasta poder construir poder de recuperación colaborador? ¿Podemos de verdad comprometernos en una opción preferencial por los pobres, que permite a la Compañía de Jesús llegar a ser una plataforma local y mundial de solidaridad para enfrentarse al cambio climático?

Los procesos de toma de decisiones pueden enriquecerse a partir de nuestras tradiciones de discernimiento apostólico comunitario (CAD, por sus siglas en inglés), y nuestros esfuerzos por dialogar con culturas y religiones, especialmente con las realidades indígenas. CAD exige la indiferencia que es consciente de los intereses, aspiraciones, temores, antojos, etc., que gobiernan nuestras actitudes y las transforman desde la perspectiva de la visión de Dios sobre el mundo. CAD nos llama también a ser conscientes de los actores olvidados en la mesa de los que toman decisiones medioambientales: los pobres entre nosotros y la misma naturaleza vulnerable, las generaciones futuras, que sufrirán las consecuencias de nuestras decisiones. Las religiones pueden salir en defensa de ellos, permitiéndoles desafiar nuestras acostumbradas respuestas de crisis: “realismo político” donde poderío militar y poder financiero son los que deciden.

La determinación de adaptarse, la reducción de vulnerabilidad, y la habilidad de tomar decisiones, son instrumentos de reconciliación en el conflicto entre la naturaleza y los seres humanos. Creemos que también se necesitan recursos espirituales para transformar este conflicto: la palabra “creación” nos revela a Dios trabajando en todas las cosas. Necesitamos relacionarnos con el mundo como sagrado, para dejar de causarle daño. Un diálogo intercultural e interreligioso abierto y la opción preferencial por los pobres permiten a los actores olvidados desarrollar un papel clave en el discernimiento apostólico comunitario.

Como cuerpos universales, la Compañía y la Iglesia deberían defender y cuidar un discernimiento totalmente inclusivo y mundial del Espíritu de adaptación, reducción de la vulnerabilidad y procesos decisorios, dirigidos a la reconciliación con la creación. Cuando tales recursos espirituales se ponen a trabajar, la crisis actual se transforma en una costosa gracia y un auténtico signo de los tiempos. Entonces fe y justicia serán verdaderamente servidas.

Este artículo es parte del 2015 Anuario de la Compañía de Jesús centrada en la ecología, publicado por la Curia Generalicia de la Compañía de Jesús en septiembre de 2014. Ecojesuit recibió permiso para reportajes de esta publicación.

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