¿El riesgo como característica de la modernidad? Nuevos argumentos para un debate antiguo

¿El riesgo como característica de la modernidad? Nuevos argumentos para un debate antiguo

Victimas de natural desastres 2009. Foto de: Center for Research on the Epidemiology of Disasters

T.P.

La inmensa mayoría de los ciudadanos de la UE, están muy preocupados por el medio ambiente” declara una nota de prensa de la Comisión Europea. Esto está relacionado con la dinámica de los desastres naturales de tal manera que, los peligros de las tecnologías sociales y medioambientales se convierten en fuentes de interés social.

La central nuclear de Fukushima y el vertido de petróleo ocurrido en el Golfo de Méjico en abril de 2010, junto con otros desastres medioambientales, vuelven a demostrar la interacción entre el progreso y la modernización por un lado y el potencial riesgo –así como la percepción de crisis- por otro.

Si bien es cierto que el riesgo es una experiencia existencial básica que siempre ha estado presente en la historia humana, aparece hoy día como una categoría fundamental de las ciencias sociales, debido al progreso tecnológico, las tecnologías a gran escala y los acontecimientos que conllevan numerosas crisis: en particular, los mayores desastres ambientales que han ocurrido desde la década de 1970.

La cuestión de un adecuado equilibrio entre el riesgo inherente en la sociedad y las cuestiones relacionadas con la adaptación y mitigación han pasado a ser temas centrales en las ciencias políticas. Concretamente, el sociólogo Ulrich Beck (Munich) habla de una “sociedad del riesgo”. Su influyente obra La sociedad del riesgo: hacia una nueva modernidad fue publicada en Alemania en 1986, muy poco después del desastre nuclear de Chernobyl. Según Beck, las sociedades modernas difieren especialmente de las sociedades en las primeras etapas de la historia humana por su potencial de auto-destrucción y su capacidad de ponerse en peligro. Como una nueva fase en el desarrollo del progreso moderno, las sociedades están esencialmente condicionadas por el hecho de que “los riesgos que compartimos son más importantes que los conflictos generados por la distribución de la riqueza” (Beck, 1986)

Para percibir los riesgos cómo amenazas, es necesario un debate público. En este sentido los riesgos se definen como amenazas percibidas públicamente, que son gestionados mediante modelos de seguridad basados en los modernos métodos de cálculo de riesgos.

La situación de riesgo y peligro en la era actual es el resultado de una erosión gradual de los factores sociales, ecológicos – y en general –  de los valores, que cumplen una función protectora en las sociedades premodernas. Anthony Giddens resume este cambio a través de la imagen memorable de la Juggernaut, que describe la modernidad como “un motor con enorme poder que puede llevar a la humanidad como un colectivo a cierto punto, pero que fuera de control amenaza con la destrucción. El gigante aplasta a aquellos que se resisten, y aunque a veces parece tener una trayectoria definida y constante, hay ocasiones en las que se aparta de manera irregular en una dirección que no podemos prever ” (Las consecuencias de la modernidad, 1991, p. 139).

Los riesgos actuales están caracterizados por el hecho del peligro potencial inherente en cada acción que se convierte en algo cada vez más difícil de predecir. Al mismo tiempo, las posibilidades de “deshacer” o externalizar las consecuencias medioambientales son reducidas. Pero, sin embargo, los riesgos no son el resultado inmutable de procesos naturales, sino que su toma de conciencia y responsabilidad debe ser asumida por sus consecuencias.

El contexto social sobre los peligros y los riesgos se ha ampliado. Sin embargo, no sólo los gobiernos, sino también los agentes de la sociedad civil están llamados a tomar una postura: las iglesias cristianas, con sus fundamentos filosóficos y teológicos, deben contribuir a la orientación ética frente a estos cambios sociales y ecológicos. Más que nunca, las iglesias, como espacios sociales de aprendizaje y diálogo, son necesarias para desarrollar un discurso pacífico y estructurado sobre los límites del riesgo que nuestras sociedades están dispuestas a aceptar. En la sociedad del riesgo, las iglesias son esenciales como esferas de aprendizaje común,  cuidadosa observación y reflexión sobre los objetivos, los medios y las decisiones que se han de tomar.

2 comentarios en «¿El riesgo como característica de la modernidad? Nuevos argumentos para un debate antiguo»

  1. A mi modo de ver, lo que la gente de nuestro tiempo espera de “las iglesias” no es tanto el desarrollo de un “discurso” o reflexión sobre los límites del riesgo (que también), como que se conviertan en semilleros privilegiados para la generación de prácticas alternativas en donde se muestren con ejemplos concretos y tangibles, las razones para animar y sostener la esperanza.

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