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Enseñando sobre pobreza, enseñando sobre transparencia en nuestras escuelas de negocio

15 Agosto 2013

Impacto del “agribusiness” en un paisaje del Medio-oeste de EUA, Julio de 2013: acuíferos y lechos de ríos secos, los ríos ya no llegan al mar, degradación de la calidad de agua y los ecosistemas. Foto des: P Walpole

Pedro Walpole, SJ

La pobreza es un tema que habitualmente no se aborda en las escuelas de negocios.  El desafío está hoy en nuestra voluntad de enseñar realmente sobre la pobreza en nuestras escuelas de negocio, enseñar cómo la pobreza se mantiene en una economía neo-liberal, o mostrar como cuando esta economía tiene sus altos y bajos, los pobres no pueden hacer frente o recuperarse de estas oscilaciones.  Por tanto, nos encontramos con el desafío de desarrollar la teoría y la práctica de cambiar los sistemas e inspirar capacidades para una mayor equidad y oportunidadades.

Entre el 14 y el 16 de julio de 2013, el cuerpo docente, los decanos y rectores de universidades de escuelas de negocios jesuitas de todo el mundo se reunieron en la Escuela de Negocios John Cook, Universidad de Saint Louis en Missouri, Estados Unidos de América, para celebrar “El Foro Mundial: Sostenibilidad y Prácticas de Negocios.”  El evento sirvió para la celebración de los encuentros anuales de la Asociación Internacional de Escuelas de Negocios Jesuitas y de Colleagues in Jesuit Business Education.

Estos nos son compañeros jesuitas con los que usualmente me encuentro cuando soy invitado para hablar Sanar un Mundo Herido” como director de investigación del Centro de Ciencias Ambientales para el Cambio Social, una organización de investigación jesuita con sede en Filipinas.

Hay un reto adicional en la ética empresarial que, como instituciones nos atañe, y es que debemos practicar lo que predicamos, presentando claramente transparencia en nuestras becas, inversiones y donaciones.  ¿Cómo practicamos y predicamos transparencia en nuestras escuelas de negocios?  La doctrina social católica no nos enseña esto, y tenemos que integrar y desarrollar transparencia en nuestros estilos de vida y dentro de nuestras instituciones.  Tenemos que aprender nosotros qué es ser transparente, como hablar y vivir de manera transparente, y que la calidad de vida está muy alejada de los que es el consumismo.

¿Enseñamos finanzas y además el irrecusable impacto psicológico humano de la pobreza, o solo nos limitamos a enseñar planes de negocio y de gestión?, ¿estamos realmente enseñando como las huellas de la pobreza y del carbono están oscureciendo el mundo?  ¿Como el crecimiento económico tal como se está dando en la actualidad nos empuja más allá de los límites del único mundo que tenemos?

Esta es la indisolubilidad de los problemas sociales y ecológicos que se presentan en “Sanar un Mundo Herido,” presentado para que cada jesuita lo lea a solicitud del Padre General.  Con este documento, el compromiso y los esfuerzos fueron diseñados involucrando tanto al Secretariado para la Justicia Social y la Ecología (principalmente el P. Fernando Franco SJ, luego sucedido  por el P. Patxi Alvarez, SJ) y el Secretariado de Educación Superior de universidades y facultades jesuitas (el fallecido P. Paul Locatelli, sustituido por el P. Ronald J. Anton).  Las dos secretarías fueron convocadas y un grupo de jesuitas y laicos, de todas las Conferencias, trabajaron desde sus diversas disciplinas para ayudar a la Compañía de Jesús, colaboradores y amigos, a llegar a las fronteras donde la naturaleza y la vida humana están seriamente amenazadas.

Enseñar lo que es la pobreza parece ser que es lo está tratando el Papa Francisco.  Es lo que él pide al mundo, al pueblo de Dios, lo primero que pide a las instituciones de la jerarquía de la iglesia.

La generación de riqueza es un bien, y no siempre es reconocido como un elemento básico necesario para llevar a cabo desarrollo.  Es esencial, pero no para la meta absoluta y personal en que se ha convertido a través del consumo inconsciente y el exceso empresarial que no conoce límites.  La codicia, además de las exigencias de inversión en todo el mundo – que justifican que las condiciones inhumanas y el sufrimiento deben prevalecer en aras del crecimiento económico inmediato – son inaceptablemente ilusorios.

La lucha del desarrollo económico para reivindicarse a costa de la condición humana y de la sostenibilidad de nuestros recursos naturales y los sistemas nunca ha sido tan evidente como en la década pasada.  La realidad de la degradación social y ambiental en el mundo de hoy exige una respuesta nueva y una nueva forma de vivir en el mundo.

Una nueva forma de vida puede conceptualizarse por una parte, basada en cubrir las necesidades básicas y la no mercantilización del trabajo, y por otra parte, cambiando el estilo de vida en el consumo y la necesidad de llevar a cabo prácticas sostenibles.  Esto requiere una “nueva ética” basada en la dignidad humana y la integridad de la creación, mientras se establece una responsabilidad global para el uso de los recursos y el compromiso laboral.  Esto implica cambios en las actitudes y en los compromisos personales, junto con la búsqueda de relaciones justas en un mundo global.

Irrigación en un paisaje árido extrayendo agua de acuíferos profundos, Medio-oeste de EUA. Foto des: P Walpole

Nos enfrentamos a la realidad del mundo de hoy, no sólo a los problemas sino también a la incitación y el reto de la sostenibilidad: “Admitimos que el mundo está herido y roto y humildemente reconocemos nuestra parte de culpa; sin embargo, esto es una invitación a responder, a erigirse en una presencia sanadora llena de solicitud y dignidad en lugares donde la verdad y la alegría de vivir se hallan en franco retroceso.”1 La condición humana del sufrimiento y de la responsabilidad emerge muy rápidamente en esta reflexión sobre nuestro contexto e integridad de nuestras relaciones con la Creación.

Algunos de los retos que humildemente nos recuerda la necesidad de profundos cambios incluyen:

  • Consumismo que rebasa las prioridades de nuestra dieta y estilo de vida, creando una desconexión con la tierra, el agua y la vida
  • El consumo excesivo sobrepasa más del doble de lo que nuestro ecosistema global puede proporcionar – resultando un evidente déficit ecológico – mientras que la distribución de los servicios básicos es gravemente inadecuada para el 30 por ciento del mundo
  • Desarrollo no inclusivo de los pobres, económica y socialmente, donde la seguridad humana, la paz y la sostenibilidad ecológica son aspectos secundarios
  • Prolongadas estaciones secas y húmedas que afectan negativamente a los patrones de subsistencia y culturales de las personas
  • La necesidad de hallar e involucrar a los jóvenes en esta convocatoria de cambio en la medida que ellos van a heredar este mundo
  • La necesidad de un cambio de actitud con una mayor conciencia de nuestras acciones y decisiones que no sólo afectan a nuestra propia esfera de la vida diaria, sino que va más allá del borde ambiental de nuestra comunidad y región.

La doctrina social católica dice que el objetivo final que buscamos es un auténtico desarrollo humano.  Vemos personas que buscan el progreso, tratando de hacer más, saber más y ser más.  Cuando hacemos un claro acto de entrega y colaboración en la búsqueda de lograr alcanzar el desarrollo humano para todos, hay un contexto real para la esperanza.

Cuando el desarrollo se alcanza a expensas de los demás, este no es el desarrollo humano que buscamos.  En el desarrollo integral, aspiramos y nos esforzamos por “el bien del hombre, cada hombre, cada agrupación de hombres, hasta la humanidad entera.”2  Si otros siguen sufriendo la pobreza, el hambre, la enfermedad, la injusticia, no podemos hablar de un auténtico desarrollo humano.

El mundo que vemos hoy es un mundo de sufrimiento y de desarrollo desigual.  Donde hay situaciones de subdesarrollo, Populorum Progressio dice que la falta de este desarrollo se debe a la persona humana, a la falta de solidaridad y la falta de actuar de manera que se promueva el bien común.

La Congregación General 35 reconoce la importante labor de la justicia estructural.  Si bien ha habido algunos logros en el alivio de la pobreza y algunos han dejado atrás el umbral que la marca, la brecha entre ricos y pobres en los países y entre las naciones sigue siendo significativo.  La globalización, vista desde los ojos de los que viven en la marginalidad, parece ser una fuerza que excluye y explota, más que incluye y levanta a los a pobres.3

Referencias:

1. Sanar un Mundo Herido, Promotio Iustitiae no 106, Septiembre 2011
2. Populorum Progressio (14). Carta encíclica de papa Pablo VI promulgada el 26 de marzo de 1967
3. Congregación General 35 de la Compañía de Jesús, Decreto 3, no. 25

Este texto es un extracto de la presentación de “Compromiso con Sanar un Mundo Herido” el pasado 16 de julio 2013 durante el “Foro Mundial: Sostenibilidad y Prácticas de Negocio” en la Escuela de Negocios John Cook, Universidad de Saint Louis, en Missouri, EE.UU.

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Este artículo también está disponible en:: Inglés

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