¿Finanzas + cambio climático = 2?

¿Finanzas + cambio climático = 2?

Consumo de energía primaria de la UE. Foto de: US Energy Information Administration (EIA)

Guillaume Emin

El mundo de las finanzas juega hoy en día un papel central en las sociedades modernas.  En 2005, las finanzas, los seguros y las inmobiliarias representaban del 18 al 20% del empleo total de Francia, Reino Unido y USA, mientras que en 1950 representaba tan sólo del 5.5% al 7% en 1950.  Por otra parte, estas actividades representaron entre un 28 y un 30% del Valor Añadido Bruto en 2005 en estos países.  En este contexto, ¿son las finanzas algo inmediato o pueden contribuir a resolver a largo plazo el cambio climático y la escasez de recursos energéticos?  Y por cierto …  ¿Qué hacen realmente las personas que se dedican al mundo de las finanzas?

El análisis financiero se basa en gran medida en el pensamiento exponencial

Digamos que usted tiene la oportunidad de recibir 1.000 euros cada año a partir de hoy y en perpetuidad.  ¿Cuánto estaría usted dispuesto a pagar por ello en este momento?  El trabajo de los analistas financieros en general es responder este tipo de preguntas comparando los costos y los ingresos actuales con los costos e ingresos esperados en un futuro.  Se supone que cualquier persona prefiere recibir una suma de dinero ahora porque esperar se considera tanto un coste como un riesgo.

Anual “valor actual” de una asignación de 1000 Euros por año dependiendo de la tasa de descuento (200 primeros años). Foto de: G Emin, A Damodaran.

El costo de tiempo y el riesgo general se toma en cuenta a través de una “tasa de descuento” (r).  Esta tasa estima la depreciación de 100 euros que se reciban en el futuro si lo comparamos con lo que valen en la actualidad.  Por lo general se trata de una tasa anual compuesta, lo que significa el tanto por ciento menos del valor de 100 euros dentro de dos años respecto al valor del año 1 y del año tres con respecto al año 2.  Sin embargo, la capitalización es exponencial.  Einstein dijo una vez: “El interés compuesto es la octava maravilla del mundo.”  El gráfico de consumo de energía ilustra esta idea y por qué no es realista, por ejemplo, pensar que podemos alcanzar las tasas de crecimiento de los últimos 60 años en las próximas décadas.  Este es también un problema para el crecimiento económico.

La dimensión exponencial de la capitalización es particularmente importante en el análisis financiero, dado que el costo “convencional” del capital (de las sociedades cotizadas) alcanzó alrededor del 9% en el total del mercado desde enero de 2012(Damodaran, 1/12).  El coste de la deuda fue significativamente inferior situándose en torno al 3,5% (después de impuestos), ya que se considera que los prestamistas toman menos riesgos que los inversionistas de la “propia” compañía.  Sin embargo, el costo promedio del capital (teniendo en cuenta la deuda) se mantuvo alto en el 7% (inferior al c.4% de los servicios públicos de agua, pero mayor en c.11.5% de la publicidad).  Por otra parte, la rentabilidad total del mercado (ingresos netos/valor contable del patrimonio neto) alcanzó el c.11.5% desde enero de 2012 (Damodaran, 1/12).

Consecuencias concretas sobre la depreciación

Tosdos estos números vienen a significar que si soy un inversor de capital aplicaré una tasa de descuento del 9%, esto es, que la recepción de 100 euros dentro de un año tendrá para mí el “valor presente” de 91 euros en estos momentos.  Para decirlo de otra manera, significa que yo invertiré mi dinero sólo si espero un rendimiento anual de al menos el 9%.  Y este cambio es exponencial!

Total “valor actual” de una asignación de 1000 Euros por año a perpetuidad dependiendo de la tasa de descuento. Foto de: G Emin, A Damodaran

Como resultado, las tasas de descuento convencionales hacen que sea muy difícil pensar en una perspectiva a largo plazo (ver más detalles en los gráficos).  Con una tasa de descuento del 9% no debería aceptar pagar más de 11.111 euros para adquirir una franquicia de 1.000 euros al año a perpetuidad.  Los 20 primeros años representan más del 80% del valor total de este subsidio (mientras que la eternidad “menos” los 20 primeros años representaría el restante 20%!).  Por supuesto, la tasa del 9% toma en cuenta el riesgo de no recibir el dinero como se esperaba.  La aplicación de una tasa de descuento alta puede, por tanto, ser una manera de ser cautos a corto plazo.  Sin embargo, las altas tasas de descuento también tienden a convertirse insuficientes para analizar correctamente los riesgos a largo plazo.  Incluso las tasas de descuento de menor riesgo hacen dificil pensar a largo plazo, como por ejemplo cuando se aplica el promedio de tasas de largo plazo del Tesoro de los EE.UU (c.3.5% en 2011 y c.4.5% sobre 2000-2011).

No es realista aplicar tasas de crecimiento anual compuesto de 1950-2010 2010-70 del consumo energético. Foto de: Etemad & Luciani, US EIA, The Shift Project, UN, Angus Maddison

Este impacto del descuento tiene consecuencias obvias sobre cómo las finanzas observan el cambio climático y sus cuestiones energéticas.  Los recursos energéticos son limitados y tienen  importantes consecuencias económicas.  Sin embargo, si nuestras tasas de descuento nos dicen que los gastos financieros previstos para las próximas décadas, no tienen casi ningún valor, entonces podría parecer carente de sentido hacer sacrificios para el futuro, en lugar de utilizar la energía, tanto como sea posible, para aumentar las ganancias inmediatas.  El cambio climático tiene también muchas consecuencias a largo plazo como, por ejemplo, las emisiones de CO2 tienen una vida atmosférica de entre 5 y 200 años.  Por supuesto, esto no sería suficiente para disminuir las tasas de descuento.  Para controlar ese descuento los mismos flujos de caja deberían mejorarse a través de la integración de las externalidades de los costos, como por ejemplo a través de un impuesto a las emisiones de carbono.

¿Y qué tiene que decir la filosofía y la religión?

Los análisis financieros actuales deberían tener más en cuenta los riesgos a largo plazo, aunque sólo fuese porque, a diferencia de nosotros, las generaciones futuras no contarán con el valor específico de los ingresos actuales sino que sólo dispondrán de sus ingresos futuros.

Por otra parte, las tasas de interés han sido considerados con precaución a lo largo de la historia (enfrentandose a problemas tales como la usura o la avaricia), en particular por los judíos del Antiguo Testamento, los filósofos de la Grecia Antigua, los cristianos y los musulmanes.  En el Antiguo Testamento, la Biblia habla en contra de las tasas de interés en varios lugares, por ejemplo Deuteronomio 23,9 señala: “No se cobran intereses a tu hermano: ya sean intereses de dinero o comida o cualquier cosa que se presta a interés.”  Aristóteles condenó la creación de dinero a partir del mismo dinero; y el derecho canónico de la Iglesia Católica prohibió prestar dinero con interés hasta 1830.  En el Islam, el interés sigue estando prohibido, aunque la banca islámica permite a los musulmanes desarrollar algunas actividades financieras.  Lo cierto es que nuestro sistema económico moderno se desarrolló en parte en contra de intuiciones que se encuentran en los tres monoteísmos principales, así como en otras fuentes.

Para concluir, hoy en día debemos tener precaución ante los sueños poco realistas y a veces desastrosos de crecimiento exponencial. También deberíamos comprometernos con el “principio de la gratuidad y la lógica del don, como expresiones de fraternidad” (Caritas in Veritate, 2009).  Y todo esto, no sólo en nuestras vidas privadas, sino también a nivel de las relaciones comerciales.  Tasas de interés y de descuento aparecen, por lo tanto, ser a la vez una necesidad de la razón y un deber de justicia.  Esto puede resultar difícil, pero Jesús nos llama a un desafio muy difícil con respecto a los préstamos en las Bienaventuranzas: “Y si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir de vuelta, ¿qué mérito tenéis?  Porque también los pecadores prestan a los pecadores para recibir otro tanto de vuelta.  Pero vosotros amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada a cambio (…).” (Luc 6,34-35)

El autor es economista y vive en Bruselas, Bélgica.  Usted puede ponerse en contacto con él a través de su correo electrónico: g.emin(at) hotmail.fr.

 

Referencias

 

Damodaran Online

US Energy Information Administration – Independent Statistics & Analysis

The Shift Project

Untied Nations

The Groningen Growth and Development Centre

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