Global y Justo: combatir el cambio climático, permitir el desarrollo

Global y Justo: combatir el cambio climático, permitir el desarrollo

Por Michael Reder, Instituto Social Múnich

Clima y política de desarrollo han entrado en un impase. Los esfuerzos de la comunidad política internacional no parece que estén dando una respuesta adecuada a los retos de nuestro tiempo. Un aspecto importante es aproximar la mitigación del cambio climático a las políticas de desarrollo.

Con esta intención han unido sus esfuerzos cuatro instituciones diferentes: el Instituto de Investigación de Impactos del Clima de Potsdam, el Instituto de Estudios para el Desarrollo Social de Múnich, Miserior –la organización para la cooperación al desarrollo de la Conferencia Episcopal Alemana- y la Fundación Re de Múnich.

En este proyecto han trabajado conjuntamente la comunidad científica, agentes de la cooperación al desarrollo y el sector asegurador, sobre las bases de datos científicos, para alcanzar un consenso, así como posiciones comunes y propuestas.

Al mismo tiempo los cuatro participantes ha establecido un serio diálogo con aquellos que están en el corazón de este debate: la gente directamente afectada, principalmente los pobres, en los países del sur.

El cambio climático causará cambios en las condiciones climáticas de las regiones con graves impactos. Las consecuencias de un aumento de la temperatura media global del planeta por encima de 20 C tendrá con toda probabilidad enormes consecuencias para muchas personas vivas hoy o que vivan en el futuro. Especialmente en las regiones más pobres del mundo puede que sea imposible adaptarse convenientemente a esos cambios. Por eso, el objetivo de limitar el calentamiento global por debajo de los 20 C es un argumento muy importante de cara a futuras decisiones en torno al cambio climático.

Desde una perspectiva ética, es importante tener en consideración que la distribución de los daños en el mundo no es equitativa. Ahora mismo, y más en el futuro, aquellos que están peor preparados para adaptarse a los impactos sufrirán todavía más (condiciones de vida, regiones con climas extremos).

Considerado en términos históricos el aumento de la riqueza ha estado siempre vinculado con altas emisiones de CO2. Sin fuentes de energía fósiles tendríamos que olvidar la prosperidad. Efectivamente, especialmente los nuevos países industrializados, temen que una drástica política climática reduzca sus expectativas de crecimiento económico. Por eso es injustificable pedir a los países en desarrollo que reduzcan sus emisiones de CO2 y al mismo tiempo que promuevan el desarrollo económico, sabiendo que éste es un prerrequisito para luchar contra la pobreza.

En el otro extremo, promover el desarrollo por parte de los países menos industrializados emulando los modelos económicos de alto consumo energético y alta intensidad de emisiones de los países del norte no es una solución porque expandirían de manera incontrolable los impactos del cambio climático con impredecibles consecuencias para los humanos y la naturaleza.

Por ello todos los países deberían promover la eficiencia energética y moverse hacia un sistema de generación de energía bajo en carbono tan rápido como sea posible.

En vista de las numerosas conexiones entre pobreza y los impactos del cambio climático es necesaria una visión integral. Sobre estas bases debería comenzar una nueva etapa de cooperación global.

Michael Reder

Si partimos de los derechos humanos, podemos identificar tres dimensiones de la justicia: satisfacer las necesidades básicas, aspirar a la igualdad de oportunidades y promover la equidad en los procesos. Los países industrializados tienen una responsabilidad especial en este asunto; no tanto porque hayan emitido cantidades desproporcionadas de gases de efecto invernadero en el pasado, sino porque tienen las capacidades financieras, económicas y técnicas, además de la fuerza política, que son vitales para resolver estos problemas.

Los riesgos financieros y técnicos del cambio climático tanto en mitigación, adaptación como los del desarrollo deben superarse colectivamente. Pero esto exige que la comunidad internacional demuestre la voluntad política necesaria y la coordinación de diferentes medidas. Un Pacto Global de este tipo debería elaborarse sobre cinco principios:

  • Definir las cantidades de emisiones de CO2 máximas, permitidas y negociables.
  • Usar de manera sostenible las masas forestales.
  • Promover y transferir tecnologías para la mitigación del cambio climático
  • Dar apoyo internacional a los proyectos de adaptación
  • Reforzar las políticas de desarrollo

La concretización de este Pacto Global depende del liderazgo político y de una amplia alianza de fuerzas sociales. Sólo ellos pueden promover una nueva era de cooperación internacional. El Pacto Global puede servir como una hoja de ruta para crear las precondiciones institucionales necesarias y para compartir las inevitables cargas que un proceso así conlleva de la forma más justa y equitativa posible.

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