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La crisis de Ucrania: Desafío energético para la UE

15 Septiembre 2014

2014_09_15_N&E_Photo1Laura Pérez-Cejuela

La crisis en Ucrania ha puesto de manifiesto el alto coste estratégico que tiene la dependencia energética de la Unión Europea (UE). Los Veintiocho son el primer importador mundial de energía. Rusia, es a día de hoy el principal suministrador de todas estas fuentes ya que aporta un 33% del petróleo, un 39% del gas y un 26% del carbón que compra la UE.

Esta dependencia hace de la llave del gas una valiosa arma política para Moscú, que ha intentado usarla como anzuelo para alejar a Kiev de la Unión y como escudo para intentar esquivar las sanciones europeas por su rol en la crisis ucraniana.

En diciembre pasado el entonces presidente de Ucrania, Victor Yanukóvich, decidió en un repentino e inesperado giro de guion suspender la firma del Acuerdo de Asociación que este país había negociado con la Unión Europea en los últimos cinco años. Las protestas que pedían retomar la aproximación a Occidente alcanzaron su punto culminante en febrero, cuando los disturbios en el centro de Kiev dejaron más de un centenar de muertos y acabaron provocando el derrocamiento de Yanukóvich, que huyó a Moscú dejando paso a un gabinete interino. Con este telón de fondo el consorcio estatal energético Gazprom  el pago de 4.458 millones de dólares que le adeuda por las entregas de noviembre y diciembre de 2013 y de abril y mayo de este año. Moscú dio de plazo a Kiev hasta el 16 de junio para que pagase 1.950 millones de dólares de esta deuda bajo amenaza de cortar el gas si no lo hacía. En paralelo, en el terreno político y militar, ha aprovechado desde entonces para anexionar oficialmente a su territorio la península ucraniana de Crimea, autoproclamada independiente, y enviar tropas militares al este del país.

Las negociaciones mantenidas hasta entonces entre ambas partes con la mediación de la Unión Europea no han servido para solucionar el conflicto. En consecuencia Gazprom cumplió con sus amenazas y cerró el grifo del gas a Ucrania, que no recibe suministro de Rusia desde el 16 de junio. El consorcio ruso estableció un sistema de prepago por lo que a partir de ahora el país solo recibirá el gas cuando lo haya abonado por adelantado. Esta es la tercera vez en la última década que la eterna disputa entre las vecinas por los precios del gas se salda con el cierre del grifo por parte de Moscú. Las últimas ocasiones fueron en 2006 y 2009. Hace cinco años el corte dejó sin abastecimiento a doce países europeos.

La Comisión Europea asegura que desde entonces se han mejorado las interconexiones para transportar gas entre Estados miembros, los flujos inversos, que permiten que el gas circule por las tuberías en las dos direcciones, y las instalaciones de almacenamiento. Además, el corte se ha producido en verano y después de un invierno algo más cálido de lo habitual, lo que deja más margen para elevar las reservas de cara al invierno.

En principio hay una mejor preparación pero hoy la situación política es mucho más complicada por los acontecimiento de Ucrania y Crimea. Parece que la crisis será más larga y severa ahora”, declaró Arno Behrens en una entrevista. Behrens es el jefe de Investigación y Energía en la unidad de Energía y Cambio Climático en el Centro para Estudios de Políticas Europeas.

Más allá de las implicaciones económicas y climáticas, la dependencia energética supone una importante debilidad estratégica que afecta también a la política exterior de la Unión. Esta vulnerabilidad ha quedado patente en la divergencia de opiniones entre los Veintiocho a la hora de imponer sanciones a Rusia por su actuación en el conflicto ucraniano a pesar de que el acuerdo era unánime a la hora de considerar ilegal y condenar la anexión de Crimea a la Federación.

Solo tras el derribo de un avión comercial de Malaysian Airlines en la zona de conflicto del este de Ucrania los países se han decidido a tomar las medidas más restrictivas previstas en su plan de tres fases. El pasado 29 de julio la UE adoptó sanciones económicas sectoriales contra Rusia. Moscú apenas tardó 24 horas en entrar en la guerra comercial contraatacando con su mejor arma: la energía.

“En su fervor por las sanciones, Bruselas está creando barreras para una mayor cooperación en un sector clave como la industria energética,” afirmó en un comunicado el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Segey Lavrov.

Ya antes de que Rusia cumpliese su amenaza y cortase el suministro de gas hacia Kiev la Unión Europea presentó una Estrategia de Seguridad Energética con medidas a corto, medio y largo plazo para enfrentar posibles riesgos de aprovisionamiento para los Veintiocho. La medida clave incluye mejorar la eficiencia y el ahorro energético y diversificar los proveedores de energía, esencialmente de gas.

En una primera fase, Bruselas prevé que lleguen a Europa 10.000 millones de metros cúbicos al año desde Azerbaiyán usando esta conducción. Además, el gasoducto es “vital” según la CE para acceder al mercado de Oriente Medio y, a largo plazo, podría incluso extenderse a países como Turkmenistán, Iraq e Irán “siempre y cuando se den las condiciones para retirar las sanciones” que pesan sobre estos estados.

Hoy la opción más realística es reducir la dependencia de Rusia acercándose a nuevas fuentes de hidrocarburos, especialmente países de Oriente Medio y de la región próxima al mar Caspio. Sus planes pasan por impulsar la construcción del Corredor Energético Sur que traería gas directamente desde Azerbaiyán hasta Europa.

Expertos y Comisión Europea coinciden en que para que esta estrategia de diversificación pueda ser efectivamente útil es necesario que se complete el mercado interior de la energía en la Unión. Esto supone construir las infraestructuras necesarias para que fluya un gas que, además, debe llegar en volúmenes suficientes y a precios asequibles.

Un mercado interno común permitiría a los Veintiocho prestarse asistencia mutua en caso de crisis de suministro, proporcionando a sus vecinos la energía procedente de fuentes distintas de Rusia. Al mismo tiempo, contribuirá a reducir la brecha en los precios de la energía que son mucho mayores hoy en aquellos países en los que el gigante energético ruso Gazprom domina el mercado.

Aumentar la integración de los Veintiocho se anuncia, una vez más, como la solución para un reto que no es nuevo.

Ms. Laura Pérez-Cejuela es un periodista en Bruselas, y ha compartido con Ecojesuit esta panorámica sobre cómo afecta la crisis de Ucrania al sector energético en Europa.

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