La Santa Sede “escucha a la ciencia”: el informe sobre el deshielo de los glaciares vuelve a abrir el discurso ambiental de la Iglesia

La Santa Sede “escucha a la ciencia”: el informe sobre el deshielo de los glaciares vuelve a abrir el discurso ambiental de la Iglesia

La Casina di Pio IV, Estado del Vaticano, sede oficial de la Academia Pontificia de las Ciencias. Foto de: www.vaticanstate.va

Con un nuevo estudio sobre el estado de los glaciares del mundo, la Academia Pontificia de las Ciencias busca una mayor integración de las cuestiones ambientales en el discurso social y ético de la Iglesia. El informe de 15 páginas titulado El destino de los glaciares de montaña en el Antropoceno (pdf), elaborado por un equipo interdisciplinar de 24 investigadores en nombre de la Academia, advierte de las consecuencias urgentes del cambio climático y aboga por medidas decididas para reducir el calentamiento global.

“La explotación abusiva de los combustibles fósiles y otros recursos naturales ha dañado el aire que respiramos, el agua que bebemos y la tierra en que vivimos”, dice el documento. En los Alpes, los glaciares se han reducido en más del 50% desde la “Pequeña Edad de Hielo” de principios del siglo XIX, con un rápido aumento de las tasas desde los años 80. Según el estudio, los factores de este desarrollo son complejos, pero sobre todo es el crecimiento de los gases de efecto invernadero, junto con las emisiones a gran escala de las partículas de hollín y polvo oscuro, lo que provoca el calentamiento a altas altitudes.

Los científicos – entre ellos el premio Nobel Paul Crutzen ex director del Servicio Meteorológico de la Unión Europea y Veerabhadran Ramanathan del Instituto Scripps de Investigación en San Diego – formulan ambiciosas recomendaciones: en primer lugar, reducir las emisiones mundiales de CO2 con el fin de garantizar a largo plazo la estabilidad del sistema climático; en segundo lugar, reducir la contaminación del aire de partículas tales como hollín oscuro, el metano, o el ozono ambiental hasta en un 50%, en tercer lugar, tomar las medidas adecuadas para adaptarse a los cambios inducidos por el clima que las sociedades no serán capaces de mitigar . De hecho, el papel determinante de los humanos en el desarrollo de la naturaleza está indicado en el título del estudio, que se refiere a un término introducido por Crutzen: él llama “Antropoceno” a una nueva era, que comenzó cuando la influencia de los seres humanos en el planeta se convirtió en un factor crucial del cambio ambiental.

Con cierta cautela, los autores también señalan la relación entre los problemas del clima y la justicia social: una combinación de políticas sobre contaminación del aire y cambio climático podrían ser una manera prometedora de “restaurar el sistema climático a un nivel seguro, y serviría para reducir la injusticia climática” dicen – sin explicar sin embargo, de qué manera un régimen climático debe ser diseñado o qué es exactamente la “justicia climática”. ¿Qué significa “justicia” en una época de conflictos medioambientales en todo el mundo? ¿Cómo debemos concebir la “justicia” de la Creación en su integridad? Estas preguntas aún deben ser articuladas en las declaraciones oficiales de la Iglesia.

Reunión de la Academia Pontificia de las Ciencias. Foto de: www.vatican.va

Un documento de la Pontificia Academia no es en sí misma una posición del Magisterio, tampoco forma parte de la “doctrina social católica” oficial. Sin embargo, es un indicio de la preocupación de la Santa Sede en el diálogo con las ciencias con el fin de ofrecer a las cuestiones más difíciles de nuestros días una adecuada orientación ética y social. A través de ese documento, la Iglesia reconoce que es una comunidad de enseñanza y aprendizaje, tratando de responder a los hallazgos científicos que se producen en el marco más amplio de la sociedad civil.

Esta no es la primera vez que la Academia ha tratado las cuestiones ecológicas, y tales intentos han sido a veces controvertidos. El informe de la Academia sobre la biotecnología (pdf), por ejemplo, publicado en noviembre de 2010, pareció a muchos expertos que tomaba claramente posición por aquellos científicos –y las empresas mercantiles que los patrocinan- que están claramente a favor de los Organismos Modificados Genéticamente (OMG) como medio para garantizar la estabilidad de los mercados agrícolas de todo el mundo. La loable intención de “escuchar a la ciencia” implica “escuchar a los científicos”, pero las preguntas surgen inevitablemente: “¿Qué científicos” y “¿Quién es competente para elegir?” En el caso del “deshielo de los glaciares,” no hay intereses empresariales afectados de manera directa. Pero el ejemplo del informe de los OMG muestra que la neutralidad de la ciencia no es en sí mismo un hecho sino un compromiso que requiere un discernimiento ético.

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