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Laudato si’: La ciencia, la sociedad, la ética y la espiritualidad en armonía

22 Junio 2015
La escasez de agua en las zonas áridas y semiáridas en África requiere adaptación climáticamente-inteligente y ambientalmente sostenible para muchas granjas de agricultura de los pequeños. Foto de: IFAD-UN/Clarissa Baldin

La escasez de agua en las zonas áridas y semiáridas en África requiere adaptación climáticamente-inteligente y ambientalmente sostenible para muchas granjas de agricultura de los pequeños. Foto de: IFAD-UN/Clarissa Baldin

Peter Knox, SJ

Laudato si’ es una alegría para leer, y estará cerca del corazón de cualquier cristiano preocupado por el futuro de nuestro planeta. Está repleta de información, sin embargo, evita ser demasiado técnica. Desde una perspectiva africana, agradezco que sea holística pero también que sea precisa, inclusiva, concreta, profética y desde luego una importante contribución a la tradición de la Enseñanza Social de la Iglesia. En su búsqueda de una amplia aceptación, la encíclica no pone en cuestión los conocimientos científicos. En muchas momentos es magisterial, sin embargo, también se fomenta el debate abierto, al insistir en que no es la última palabra sobre ese tema.

La encíclica es holística pero está delimitada

No trata de los problemas de manera aislada: todo está conectado (160). No es sólo el problema del cambio climático por sí solo, sino también de la contaminación, el agua, los modelos inadecuados de desarrollo, etc. Sin embargo, el Papa Francisco no analiza en la encíclica todas las amenazas complejas que enfrenta la humanidad.

Discursos científicos como el de los Límites Planetarios hacen que los problemas parezcan abrumadores y pueden inducir a una actitud de resignación frente a estos desafíos. Sin embargo, como buen pedagogo, el Papa Francisco trata de estas mismas realidades sin complicar al lector (23). Describe “la misteriosa red de relaciones entre las cosas” (20) de una manera tal que podemos sentirla conectada con nuestra experiencia diaria. Esto resuena con la idea expresada por muchos pueblos africanos de que hay una conexión interior entre todos los vivientes, los que han existido antes que nosotros, los que todavía están por nacer, y la misma tierra en la que vivimos.

La Encíclica es inclusiva

La “preocupación de convocar a toda la familia humana, en su conjunto, para buscar un desarrollo sostenible e integral” y la invitación a un “diálogo que incluya a todos” debe también incluir a África. Para el continente africano, a menudo, considerado en el mejor de los casos como un enigma, y en el peor, como un problema, esta participación debería ayudarnos a superar nuestra marginación. Igual que la crisis afecta a África, también nosotros debemos ser parte de la solución. El continente tiene una densidad de población muy baja, gran variedad de ecosistemas, y abundancia de recursos de energía limpia – hidroeléctrica, solar, eólica, de las olas del mar. Todo esto debe ser aprovechado en beneficio de toda la humanidad – pero también en condiciones favorables a los propios pueblos del continente.

La encíclica está inspirado más por el antropocentrismo de Génesis 2, relato de la creación en el que los humanos aparecemos como parte de la naturaleza, que por el de Génesis 1 en el que podemos ver un enfoque más dominante y tecnocrático.

¿Qué necesidad tiene la tierra de nosotros? (160), tenemos que contribuir a la salud del planeta. Son las nociones de guardianes y jardineros del planeta que aparecen en Génesis 2. Los seres humanos somos parte del mundo (2) – no puestos a parte para dominarlo. Por eso podemos sentir con la tierra porque somos parte de ella y es nuestro hogar.

Concreta

La encíclica se refiere a preocupaciones concretas que afectan a las vidas de las personas. Basta leer lo que está escrito. No es una espiritualidad lejana o una generalización teológica. África está experimentando acontecimientos climáticos sin precedentes que algunos atribuyen, correcta o incorrectamente,al cambio climático. Las nieves del Kilimanjaro, el icono de gran montaña de África, en su deshielo ya no surten de agua los pueblos cercanos durante todo el año. Me temo, que a medida que la situación vaya empeorando, veremos mayores flujos de migrantes desde y dentro de Africa, provocando tal inestabilidad y conflictos que harán que la actual “crisis de refugiados” parezca un paseo en el parque.

Profética

Un buen profeta anuncia y denuncia. El Papa Francisco denuncia la indiferencia, la resignación, y el obstruccionismo (14). Él anuncia una visión más positiva, profundamente enraizada en las espiritualidades franciscana e ignaciana – lo que nos ayuda a encontrar nuestro lugar en el plan mayor de la creación de Dios. Él anima a la cooperación, dejando espacio para el genio particular de “culturas, experiencias, compromisos y talentos” (14). Esto nos sugiere la búsqueda africana por la inculturación – queremos hacer las cosas a “nuestro” modo.

La encíclica está obviamente enraizada en la tradición de la doctrina social católica, por eso algunas cosas son predecibles.

Solidaridad: La preocupación por los más pobres en la sociedad global – que son los más afectados por los cambios en nuestra “ecología humana” (25, 26). Entre los más pobres del planeta están millones de africanos.

Destino universal de los bienes: El clima es visto como un “bien común” (23, 95). Durante mucho tiempo los africanos se han sentido excluidos de la participación en los bienes colectivos – hasta el punto de sentir que aún no somos dueños de los recursos minerales de nuestro propio continente. El colonialismo flagrante del siglo XIX ha sido sustituido por un nuevo tipo de colonialismo post-independencia, que despoja al continente de sus activos con la connivencia de las elites locales. Es alentador que se nos recuerde que el clima también es para nuestro bien.

Los números 23 al 25 del capítulo 3 afirman audazmente las raíces antropogénicas y las consecuencias humanas de la crisis ecológica. Sin poner en cuestión los hechos, el Papa hace afirmaciones científicas que expresan “un muy sólido consenso científico” (23). Hay que recordar que Francisco tiene formación científica, por lo que no es ajeno a la investigación científica, al método, el debate y la discusión.

Es importante para nosotros los africanos recordar que todos somos, en alguna medida, responsables de la crisis actual, porque hemos tenido una tendencia a culpar a las naciones industrializadas (o “el Norte”) de muchos de los problemas que aquejan al mundo. Entre todos los problemas que desafían el continente, es oportuno que reconozcamos que somos también parte de un problema ecológico global, y ver cómo nuestros problemas son parte de un proceso global más amplio.

Me parece refrescante y novedoso en la enseñanza papal un reconocimiento de “la necesidad de un debate franco y honesto” (16). El capítulo 5 hace llamadas al diálogo entre las religiones y la ciencia. Como un académico africano dice, África es “notoriamente religiosa.” Debido a décadas de fuga de cerebros no tenemos demasiados científicos de nivel mundial. Sin embargo nuestra espiritualidad (el papa Benedicto nos llamó una vez el “pulmón espiritual del mundo”) puede ser el recurso que llevemos en nuestro diálogo con la ciencia. Tenemos que estar abiertos a aprender el lenguaje de la ciencia para poder entrar en un diálogo constructivo con expertos en distintos campos. Y una vez aprendido, tenemos que poner estas lecciones en práctica.

En el capítulo 6 el Papa Francisco nos llama a todos a adoptar un nuevo estilo de vida. En África no debemos aspirar a un estilo de vida que se ha demostrado tóxico para el planeta entero. Podemos reconocer que el paradigma tecnológico consumista es peligroso para toda la vida humana. En el espíritu de “ubuntu” que reconoce nuestra humanidad común y la interdependencia – tan a menudo observado en la ruptura como en la observancia – debemos evitar hacer daño a nuestros vecinos en el planeta. Debemos buscar y adoptar alternativas, paradigmas apropiados de desarrollo que no dañen el planeta, nuestro hogar espiritual, ancestral y real.

Para concluir esta primera lectura de la encíclica desde una perspectiva africana, yo diría que es una síntesis armoniosa de “ciencia,” sociedad, ética y espiritualidad, que inspira y nos desafía, ahora y lo hará en las próximas décadas.

2015_06_18_Story 3_Photo2Peter Knox es un sacerdote jesuita de África del Sur, un químico industrial “reciclado,” que enseña teología sistemática y ética ambiental en la Escuela Jesuita de Teología de Hekima College en Nairobi, Kenia.

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Este artículo también está disponible en:: Inglés, Francés

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