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Lecciones sobre la gestión post-desastre

31 Agosto 2014
Casas con techos y paredes en un sitio de reubicación, pero sin agua. Foto des: ESSC

Casas con techos y paredes en un sitio de reubicación, pero sin agua. Foto des: ESSC

Mariel de Jesus

Sobrevivir el tifón es la prueba inicial para muchas personas que viven los desastres causados por el clima en Filipinas. Tras la pérdida de viviendas y medios de subsistencia, los supervivientes se enfrentan al reto de restaurar la normalidad en sus vidas. Después de la abundancia inicial de suministros de socorro, la gente a menudo se dejan a su suerte, luchando por construir viviendas en lugares nuevos y desconocidos y encontrar un trabajo que ponga un plato de comida en la mesa para sus familias.

A menudo, también las zonas y las comunidades más gravemente afectadas durante los desastres naturales son áreas que ya están gravemente degradadas y el medio ambiente afectado o en peligro y en donde las comunidades que viven en condiciones de subsistencia durante décadas. Como se afirma en un editorial anterior en Ecojesuit tres semanas después del tifón Yolanda (Haiyan) el pasado noviembre de 2013 golpeó el este de Visayas en Filipinas, “(e)sto, sin embargo, ha sido un error constante desde el siglo pasado hasta hoy, ya que la gente ha vivido de una forma de vida basada en la subsistencia, tanto en la costa como en las tierras altas en provincias marginales como Samar, Samar del Este, Leyte y Leyte del Sur, entre otras. Esta forma de vida está muy expuesta a calamidades naturales, por lo que ahora es un desastre económico y social para aquellas personas que viven de la agricultura de subsistencia y la pesca. ¿Cómo se puede estructurar una red activa y con iniciativa en la sociedad rural filipina que propicie alternativas, estilos y medios de vida más seguros a las personas para que prosperen?”

Durante una visita el pasado mayo de 2014 para sitios de reubicación después de los desastres en Mindanao, en concreto en Cagayán de Oro, Misamis Oriental y la ciudad de Valencia, Bukidnon, el grupo visitante perteneciente a Ciencia Ambiental para el Cambio Social extrajeron algunas lecciones – y no aprendieron otras – a partir de las experiencias de desastres en Filipinas:

Retos del reasentamiento

Para las comunidades afectadas, los desastres no terminan cuando el tifón se va o las inundaciones bajan. Otro tipo de desastres emergen después de lo que ha pasado, en el caso de Yolanda, esto fue lo más evidente en un contexto en el que la gente vive en campamentos deficientes y en áreas de recolocación temporales mal planeadas.

El pueblo de la Cruz Roja en Valencia, Bukidnon en Mindanao, es un lugar de reubicación para lo que sobrevivieron a la tormenta tropical Sendong (Washi, Diciembre 2011) y el tifón Pablo (Bopha, Diciembre 2012). La situación actual ilustra las preocupaciones de los sobrevivientes a los desastres y los retos de las respuestas del gobierno y la sociedad civil o de organizaciones humanitarias que trabajan en la recuperación y rehabilitación después del desastre.

Dos años después del tifón Pablo, familias tienen un techo pero todavía no disponen de los servicios fundamentales de salud, seguridad y confort. Aunque se reconoce como un derecho humano básico, la provisión de agua no puede darse por descontada en los sitios de reasentamiento. Algunos hogares en Valencia están cavando algunos pozos, sin considerar una ubicación o proximidad a pozos sépticos.

A pesar del reconocimiento del Gobierno de los méritos de reconstruir las viviendas en el mismo área, hay casos donde es inseguro y no debe permitirse.

Se permiten que las casas continúen construyéndose, éste en una ribera, poniendo sus residentes en alto riesgo. Foto des: ESSC

Se permiten que las casas continúen construyéndose, éste en una ribera, poniendo sus residentes en alto riesgo. Foto des: ESSC

Los planes de reasentamiento incluyen reconocer la importancia del acceso al empleo y otras oportunidades. Para las familias que lo han perdido todo, una tarifa del transporte de 20 pesos filipinos es un gran sacrificio y no muchos no pueden permitirse pagarlo.

Los empleos previos y opciones de vida ya no pueden ser posibles en el nuevo lugar y existen apoyos limitados para las comunidades que deben encontrar nuevas maneras vivir. Muchos tienen que hacer frente a préstamos de comerciantes locales que deriva en un ciclo de deudas del que es muy difícil salir.

Para organizaciones que trabajan en contextos de post-desastre, es crítico evaluar las necesidades y las capacidades de las comunidades e identificar las habilidades intrínsecas que la comunidad puede desarrollar y hacerle productiva. Mientras algunas agencias humanitarias centradas en “factores básicos” de recuperación como suministrar y levantar un techo, hay una necesidad de extender otros tipos de ayuda pública cuando una familia comienza desde cero es incapaz de recuperarse por sí misma.

Sin embargo, debe haber un equilibrio cuidado. Agencias humanitarias a menudo distribuyen kits de refugio que permiten a la gente reconstruir sus casas después del tifón. Cuando las comunidades viven en zonas de alto riesgo, esto puede crearles una falsa sensación de seguridad y puede prolongar una situación de peligro.

Participación temprana

La participación de las partes interesadas en la recuperación es esencial pero también es importante prevenir antes del desastre. Hay numerosos logros que muestran cómo una rápida alerta y una evacuación preventiva conduce a una reducción e incluso prevención de muertes y daños innecesarios. Hay iniciativas que se basan en el liderazgo y la capacidad efectiva a nivel local. El desarrollo de un protocolo de reducción del riesgo de desastres es un primer paso en la conformación de una estrategia en la que todos los actores están involucrados y donde la comunicación y difusión de la información son fundamentales.

Planificación y gestión de cuencas

La reducción del riesgo de desastres consiste en la planificación y es importante comenzar con una unidad geográfica que es un sistema natural, y no simplemente una cuestión política. Planificación con enfoque sobre la cuenca se identifica como un elemento fundamental para la reducción del riesgo de desastres como un marco que permite la comprensión de las relaciones de los ríos en la fase inicial y posterior. Esta conexión entre las dos aguas debe ser fortalecido a través de la creación de redes y la comunicación entre las unidades de los gobiernos locales y las comunidades dentro del área de la cuenca. En el caso de Cagayan de Oro, el reto está en la tierra adecuada y la gestión del agua en las zonas altas de captación.

La gestión posterior a los desastres, no sufrir otra catástrofe

Preparación activa e informada para un desastre es fundamental, ya que esto puede significar la diferencia entre sobrevivir y morir. Esta preparación para desastres permite a los gobiernos y comunidades locales responder de manera más eficaz y evitar situaciones de desastres permanentes donde las personas siguen viviendo en zonas de alto riesgo y los sitios de reasentamiento y reubicación de alto riesgo. Seguridad de las personas es primordial, y con el acompañamiento social y económico adecuado, evitaremos conducir a estas áreas y comunidades hacia otro desastre.

Este artículo se desarrolló a partir de aprendizajes de la visita sobre el terreno durante la Conferencia sobre Transformadora Tierra y Gobernabilidad del Agua organizada por la Ciencia Ambiental para el cambio social, la Comisión belga Universitaire pour le Développement, y el Red Global de Incidencia Ignaciana-Ecología, el pasado mes de mayo de 2014.

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Este artículo también está disponible en:: Inglés

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