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No nos preocupemos sólo de nuestro propio beneficio

23 Noviembre 2010

Simon Lochbrunner, SJ

Simón Lochbrunner, SJ en una entrevista sobre el amor de Dios y el imperativo ecológico.
Simón es teólogo y anteriormente trabajo en una granja de agricultura orgánica (ecológica) certificada en el Sur de Alemania. Actualmente trabaja en un centro de pastoral juvenil en San Ansgar, Hamburgo. Se le puede contactar en: simon.lochbrunner(at)jesuiten.org

Simon, ¿qué podemos aprender sobre Dios cuando afrontamos los retos ecológicos de nuestro tiempo?

Dios permanece incomprensible para nosotros. Todos nuestros juicios racionales sobre Dios sólo se pueden tomar de un modo analógico desde el mundo y proyectados hacia Dios. No podemos concluir nada directamente desde Dios mismo para determinar nuestras acciones. En el contexto de destrucción medioambiental, sin embargo, podemos reconocer que Dios ha creado un mundo que puede ser modificado por el ser humano, éste puede intervenir en el proceso creador –incluso de manera tal que puede dañarse a sí mismo. Si no respondemos a nuestro deber, nosotros (y las generaciones futuras) tendremos que afrontar las consecuencias.

¿Cómo podemos articular la visión del Reino de Dios en estas circunstancias de crisis medioambiental?

La visión del Reino de Dios no se ve afectada por los problemas actuales. Es importante afirmar que nosotros vivimos en la promesa de que no podemos salvarnos, ni redimirnos, a nosotros mismos. Sin embargo, desde la fe inquebrantable en Dios podemos siempre mejorar nuestra relación con la naturaleza en lugar de estar exclusivamente preocupados en nosotros mismos y nuestro mayor beneficio. Esta sería la dinámica básica: intentar hacer lo correcto, en lugar de estar preocupados sólo por obtener alguna ventaja.

¿Tenemos los instrumentos espirituales para reforzar nuestro compromiso y nuestra responsabilidad con el planeta?

Deberíamos preguntarnos: ¿Cuáles son las razones para que queramos destruir nuestro propio hábitat? ¿No es la preocupación última del ser humano su propio ser y su propio interés? Teniendo esto en cuenta creo que tenemos el único instrumento. El miedo del ser humano a sí mismo sólo puede ser contrarrestado por la verdad de que todos, y cada uno, somos amados radicalmente por Dios. Dios es amor. Los que viven según la palabra de Dios y sinceramente creen que Dios les ama, ya no pueden vivir en el miedo por sus propias vidas o sus necesidades (reconocimiento social, disfrute estético, independencia financiera, etc.)

¿Hay alguna expresión litúrgica o sacramental que pueda ayudarnos a la reconciliación con la naturaleza?

La reconciliación es un acontecimiento comprehensivo que afecta a toda la persona. Una persona reconciliada lo está con Dios, con su entorno natural y consigo mismo. Según esto, lo que ayuda a la reconciliación en general sirve también para la reconciliación con la naturaleza. Particularmente el sacramento de la reconciliación es importante para comprender que nada puede separarnos del amor de Dios. Por supuesto el “servicio a la reconciliación” incluye cualquier modo de transmitir la “palabra de reconciliación” (cf. 2 Cor 5:17-19) y el amor de Dios. Esto puede hacerse de muchas maneras, pero de manera muy importante en la celebración de la Eucaristía.

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Este artículo también está disponible en:: Inglés

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