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Para sanar un mundo herido: Escolares y Hermanos se reunen en Camboya

15 Enero 2013

Bee (segundo por la izquierda), con la familia con la que vivió junto con otros escolares en Nikhom.

Scholastic Charles Nopparut “Bee” Ruankool, SJ

“¡Estoy realmente en Camboya!” me dije a mí mismo cuando acababa de aterrizar en el aeropuerto de Siem Reap.  Aunque Camboya esté cerca de mi tierra natal, Tailandia, era la primera vez que visitaba este país.  Estaba muy entusiasmado con éste viaje, porque me estaba dando cuenta de que iba a celebrar la Navidad y el Año Nuevo de una forma muy distinta a la que lo había hecho los años anteriores, y estaba muy agradecido por la oportunidad que me estaba brindando el Grupo de Hermanos y Escolares (GHE) para explorar este país.

Me quedé en el Centro de Reflexión Metta Karuna (amor y ternura en sánscrito).  Fui recibido con una calurosa bienvenida de la Hermana Denise y sus compañeros de trabajo, y conocí también a muchos Escolares de la Conferencia Jesuita de Asia-Pacífico, todos provenientes de países diferentes.  Compartimos nuestras experiencias los unos con los otros, con un espíritu de apertura y alegría.  La atmósfera me hizo sentir “el amor y la ternura” con la que está nombrado el Centro.  Gracias a la presencia de jesuitas, colaboradores y escolares camboyanos en la reunión, profundizamos en el tema del año, “Sanar un mundo herido: Reconciliando personas, comunidades y Creación.”

Durante dos semanas, se realizaron numerosas actividades, presentaciones y dedicamos tiempo a comparir, para ayudarnos a entender de una manera más profunda el tema de la reconciliación.  De todas formas, lo que más me sorprendió fue la convivencia en una parroquia que forma parte de la Diócesis de Battambang, en el oeste de Camboya.

Todos los escolares estaban divididos en grupos pequeños.  En mi grupo, había cuatro escolares representando cuatro países (Corea, Myanmar, Portugal y Tailandia), y nos quedamos en una pequeña comunidad de la parroquia llamada Nikhom.  Me acuerdo perfectamente de la alegría de la gente que nos recibió.  Estuvimos con ellos tres días, y celebramos allí la Navidad.  Fue una celebración de Navidad intercultural.  Disfruté mucho de esta experiencia, y estaba feliz al ver como la Eucaristía se integraba perfectamente en la cultura camboyana.

Una noche, durante la celebración de Navidad, un joven me preguntó: “Hermano, ¿de dónde viene?” e inmediatamente respondí que provenía de Tailandia.   De repente, empezó a hablarme en un tailandés fluido, lo que me impresionó mucho. Luego me dijo que él, y otros cuantos jóvenes más, se habían marchado a Tailandia a trabajar, porque allí podían ganar mucho más dinero que en Camboya.  Me sorprendió al principio, porque creía que Camboya era un país muy rico en recursos naturales, lo que podía ayudar al sustento de las familias, pero luego me di cuenta de que en ese pueblo, y en otros pueblos también, la mayoría eran abuelos y niños, porque los jóvenes y los adultos deciden marcharse a vivir a otros países.  Es sin duda una triste realidad, pero es bueno conocer lo que realmente estaba pasando en las comunidades de Camboya.

Hay dos razones posibles por las que está sucediendo algo así en este país: primero, la época en la que los Jemeres Rojos tomaron el poder, de 1975 a 1979, liderados por Pol Pot; periodo en el que murieron miles de personas.  Camboya perdió a muchos de sus habitantes más preparados, que podrían haber sido capaces de desarrollar y levantar su pueblo.  Por otro lado, la carencia de educación en la gente joven, especialmente en la gestión de sus sistemas ecológicos.  Les va a tomar tiempo entender el valor de reforestar sus tierras o mejorar la actividad agrícola para producir sus propios alimentos.

A pesar de los problemas con los que me encontré durante la convivencia en Nikhom, no me sentí desanimado, todo lo contrario.  Sigo sintiendo que hay realmente esperanza entre la gente que ha dedicado sus vidas al pueblo camboyano.  A algunos los conocí en mi viaje, aquellos que han trabajado muchos años en Camboya, como el obispo Enrique “Kike” Figaredo, la hermana Denise Coghlan, el padre Joseph “Jub” Phongphand Phokthavi, Mr. Bob, Matt, y muchos otros.  Me han enseñado cómo puede reconciliarse el país, aunque tome muchos años conseguirlo.  Me han enseñado no sólo a trabajar para la gente, sino también a trabajar con la gente.  Acompañarles como amigos, a ir hacia adelante, a ver el futuro con alegría y esperanza.

Al final, me di cuenta de que mis expectativas antes de llegar a Camboya, eran las correctas.  Celebré Navidad y Año Nuevo de una forma muy disitinta.  La reunión del GHE me dio la oportunidad de vivir mi experiencia en Camboya con mis compañeros Escolares, y el hecho de vivir con la gente de Nikhom y aprender con la gente tan entregada de Camboya durante estas dos semanas, ha sido realmente muy inspirador.

Ahora tengo un concepto mucho más claro de lo que significa “sanar un mundo herido.”  A través de las experiencias vividas, he comprendido que tengo que reconciliarme con el pasado.  Ahora, tengo que aprender a dedicar mi vida y hacer lo mejor para los demás.  Para el futuro, tengo que aprender a mantener la alegría y la esperanza mientras viva.  Esto es lo que me ha enseñado Camboya en la reunión del GHE.  Y son lecciones que, estoy seguro, darán su fruto en el futuro.

Bee es un Escolar tailandés que participó en la reunión del Grupo de Hermanos y Escolares en Camboya el pasado diciembre de 2012.

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Este artículo también está disponible en:: Inglés

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