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Proteger el derecho del ambiente y poner fin a la exclusión social son inseparables, Papa Francisco

30 Septiembre 2015
Foto de: social-spirituality.net

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Después de haber publicado la encíclica Laudato si’, Francisco está demostrando que su preocupación por la “casa común” no son meros pensamientos, sino una corriente principal de su pontificado, colocando el medio ambiente al mismo nivel que el de la pobreza en la “moral agenda” de la Iglesia Católica.

La visita a los Estados Unidos ha sido una nueva oportunidad para Francisco a renovar su compromiso ecológico y buscar conexiones con el alivio de la pobreza, las negociaciones internacionales o con el propio concepto de justicia. Francisco se esfuerza por mostrar que el cuidado del planeta es una forma de hacer justicia tanto para los seres humanos y como para la naturaleza.

Sigue insistiendo de muchas maneras y persiste en el mismo mensaje: “Nos enfrentamos a dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socioambiental.” (Laudato si’, 139)

De otra forma, en su discurso a la Asamblea General de las Naciones Unidas el 25 de septiembre, declaró: “El panorama mundial hoy nos presenta, sin embargo, muchos falsos derechos, y – a la vez – grandes sectores indefensos, víctimas más bien de un mal ejercicio del poder: el ambiente natural y el vasto mundo de mujeres y hombres excluidos. Dos sectores íntimamente unidos entre sí, que las relaciones políticas y económicas preponderantes han convertido en partes frágiles de la realidad. Por eso hay que afirmar con fuerza sus derechos, consolidando la protección del ambiente y acabando con la exclusión.”

También ante la Asamblea General y en el marco de su discurso sobre la misión de la ONU como protector de los derechos, declaró la existencia de un derecho al medioambiente: “Ante todo, hay que afirmar que existe un verdadero ‘derecho del ambiente’ por un doble motivo.”

“Primero, porque los seres humanos somos parte del ambiente. Vivimos en comunión con él, porque el mismo ambiente comporta límites éticos que la acción humana debe reconocer y respetar. El hombre, aun cuando está dotado de ‘capacidades inéditas’ que ‘muestran una singularidad que trasciende el ámbito físico y biológico’ (Laudato si’, 81), es al mismo tiempo una porción de ese ambiente. Tiene un cuerpo formado por elementos físicos, químicos y biológicos, y solo puede sobrevivir y desarrollarse si el ambiente ecológico le es favorable. Cualquier daño al ambiente, por tanto, es un daño a la humanidad.”

El Papa adopta una vertiente muy precisa: la constitución física de los seres humanos. Ciertamente se trata de una afirmación básica, pero que adquiere un valor importante porque para muchos, el verdadero valor del ser humano está en el espiritual. Olvidando la “unicidad” de la constitución humana: carne y espíritu unidos y la realidad única de “una persona.” Pero es cierto que en una visión religiosa más extendida, se ha producido un lento deslizamiento, desviando el centro de gravedad hacia la dimensión espiritual del ser humano. En este sentido, el papa Francisco recuerda una consideración mucho más integrada sobre cuáles son los recursos humanos.

El papa añade una segunda razón que explica el “derecho al ambiente”: “…(P)orque cada una de las creaturas, especialmente las vivientes, tiene un valor en sí misma, de existencia, de vida, de belleza y de interdependencia con las demás creaturas. Los cristianos, junto con las otras religiones monoteístas, creemos que el universo proviene de una decisión de amor del Creador, que permite al hombre servirse respetuosamente de la creación para el bien de sus semejantes y para gloria del Creador, pero que no puede abusar de ella y mucho menos está autorizado a destruirla. Para todas las creencias religiosas, el ambiente es un bien fundamental.”

Con todo ello el papa Francisco establece los principios de un derecho que ha sido motivo de controversia y no siempre ha sido reconocido. El derecho del medio ambiente pone la naturaleza al mismo nivel que los seres humanos que necesitan ser protegidos, reconociendo que la naturaleza es un don de Dios y tiene un valor “intrínseco” – no sólo porque es útil para los seres humanos – y por lo tanto merecen respeto y protección.

El Papa se mete en una descripción detallada de la crisis (tanto ambiental como social) a la que nos enfrentamos y cómo hay raíces comunes de esta situación: “…(U)n afán egoísta e ilimitado de poder y de bienestar material lleva tanto a abusar de los recursos materiales disponibles como a excluir a los débiles y con menos habilidades, ya sea por tener capacidades diferentes (discapacitados) o porque están privados de los conocimientos e instrumentos técnicos adecuados o poseen insuficiente capacidad de decisión política.”

La exclusión social y económica son parte de la misma situación dramática de millones de personas: “La exclusión económica y social es una negación total de la fraternidad humana y un gravísimo atentado a los derechos humanos y al ambiente. Los más pobres son los que más sufren estos atentados por un triple grave motivo: son descartados por la sociedad, son al mismo tiempo obligados a vivir del descarte y deben injustamente sufrir las consecuencias del abuso del ambiente. Estos fenómenos conforman la hoy tan difundida e inconscientemente consolidada ‘cultura del descarte.’”

El papa Francisco busca signos de esperanza para hacer frente a esta situación y se encuentra con la adopción de la Agenda de Desarrollo Sostenible 2030 de la ONU y la Conferencia de París sobre el Cambio Climático como dos hitos que proporcionan caminos prácticos para lograr la reducción de la pobreza y el futuro sostenible para todos.

No es ingenuo y sabe que los compromisos tienen que ir más allá de las declaraciones nominales sin contenido real y genuino: “Sin el reconocimiento de unos límites éticos naturales insalvables y sin la actuación inmediata de aquellos pilares del desarrollo humano integral, el ideal de ‘salvar las futuras generaciones del flagelo de la guerra’ (Carta de las Naciones Unidas, Preámbulo) y de ‘promover el progreso social y un más elevado nivel de vida en una más amplia libertad’ (ibíd.), corre el riesgo de convertirse en un espejismo inalcanzable o, peor aún, en palabras vacías que sirven de excusa para cualquier abuso y corrupción, o para promover una colonización ideológica a través de la imposición de modelos y estilos de vida anómalos, extraños a la identidad de los pueblos y, en último término, irresponsables.”

El papa Francisco está haciendo un fuerte atractivo para el derecho del ambiente que no debe ser diluido como sucede a menudo en los debates sobre los derechos, ya que los instrumentos jurídicos existentes son insuficientes para proteger y garantizar el derecho del medio ambiente.

Pero el Sumo Pontífice también está dando muchas referencias no sólo para justificar la existencia de este derecho, sino para mostrar los caminos para efectuar su aplicación, caminos que encuentra inseparables en ajustar cuentas con la pobreza y la exclusión social.

Las citas de este artículo provienen del Discurso del Santo Padre Francisco durante la Visita a la Organización de las Naciones Unidas  en la sede de Naciones Unidas en Nueva York, EE.UU., el 25 de septiembre 2015.

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Este artículo también está disponible en:: Inglés

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