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Pueblos Indígenas en la Guyana en el siglo 21: Un Pueblo, Una Nación, Un Destino

31 Diciembre 2013

Foto des: apaguyana.org

Paul Martin, SJ

El mes de la herencia Amerindia es una celebración anual que tiene lugar durante septiembre en honor a sus Pueblos Indígenas. Se pone especial énfasis en los idiomas, la comida, el baile, los estilos de vida y la cultura de los diversos grupos amerindios. Pero la clave es que se trata de una celebración para todos los guayaneses, y no sólo para sus pueblos indígenas, ya que “ellos” son parte de “nosotros.”

Para empezar tenemos que tener en mente la “doctrina del desposeimiento” – el racismo contra los Pueblos Indígenas y la descripción de su situación histórica en el Nuevo Mundo.

Cuando llegaron los colonizadores europeos blancos al Nuevo Mundo, se establecieron con un resultado realmente calamitoso para los pueblos oriundos. Los indígenas fueron empujados y marginados por los descendientes de europeos, que los terminaron por dominar por completo. Algunos pueblos casi desaparecieron, o lo hicieron por completo. Estimaciones modernas sitúan que en el siglo 15, el momento en el que termina el periodo precolombino, la población de América del norte era de 10 a 12 millones de personas. En la década de 1890, la cifra se redujo a aproximadamente 300.000 personas.

En algunas partes de América latina, los resultados fueron similares, mientras que en otras regiones, todavía existen poblaciones indígenas mayoritarias. Pero incluso en esas áreas, los Pueblos Indígenas están a menudo en una situación de desventaja. Los Pueblos Indígenas en América latina aún se enfrentan a los mismos obstáculos que los Pueblos Indígenas en otras partes u otros periodos – sobre todo, al despojo de sus tierras. Y esa separación se basa por lo general en distinciones originalmente derivados por motivos reciales.

Si bien es justo decir que los amerindios continuaron siendo maltratados por “descendientes de europeos,” en la mayor parte de América latina, Estados Unidos y Canadá, la situación en la Guyana ha sido diferente en las últimas décadas.

En Guyana, el poder del Estado y la cultura no están en manos de un grupo de personas que sean descendientes de los opresores imperiales. Para todos los efectos, los descendientes de los antiguos colonizadores – los británicos, franceses y holandeses – han quedado atrás hace mucho tiempo. Los tres principales grupos étnicos que se quedaron conformando la población de Guyana fueron – los africanos, los indios orientales, y los amerindios – todos ellos maltratados injustamente por las potencias coloniales, pero de manera diferente.

Los amerindios guayaneses (actualmente 9%) fueron diezmados por las enfermedades y la persecución por parte de los europeos a partir del siglo 15. Al principio, los amerindios fueron esclavizados e incluso trasladados desde Guyana a otras islas del Caribe. Fueron sometidos a trabajos forzados en las plantaciones, demostrándose ser totalmente ineficaz porque tan solo conseguían que los esclavos fueran propensos a las enfermedades y la muerte prematura. En un grado mucho mayor, con la llegada de los europeos, los pueblos amerindios fueron desplazados de sus asentamientos en el Caribe, y las poblaciones se tuvieron que mover alrededor de la región huyendo de la persecución y las enfermedades.

Los negros de Guyana (30,2%) fueron traídos desde África a la región por los europeos para trabajar en sus granjas porque no encontraron poblaciones amerindias manejables para este tipo de explotación. A miles de kilómetros de distancia de su tierra natal, personas originalmente africanas sufrieron penurias inimaginables como esclavos, y esto no terminó hasta que se aprobó la abolición de la trata de esclavos (1807) y la abolición de la esclavitud en la década de 1830, aunque la discriminación por señores blancos permaneció endémica en un imperio donde se consideraron a las personas de raza negra como “subhumanos. Después de la abolición de la esclavitud, la gran mayoría de los guayaneses negros ya no querían trabajar en los campos de caña porque era el motivo de su esclavitud.

Como todavía era necesaria mano de obra para trabajar los campos de los colonialistas blancos, se buscaron otras fuentes de mano de obra dentro del imperio británico. Trabajadores contratados en Madeira, China, y sobre todo en la India, fueron llevados a trabajar en condiciones que también se pueden considerar como una forma de esclavitud. Las condiciones también eran terribles para estos pueblos, y la sociedad británica colonial estableció una jerarquía entre todos estos pueblos. En la actualidad, son los descendientes de los trabajadores indígenas los que conforman la mayor parte de la población de Guayana (43,5%).

Los primeros jesuitas en Guyana. Foto des: guyanajesuits.org

La gran mayoría de la población guyanesa presente hoy en día se compone de estos tres pueblos maltratados. Las injusticias entre los grupos también están históricamente presentes. Por ejemplo, los amerindios ayudaron a los europeos a capturar esclavos africanos fugitivos de los amerindios en el siglo 20, y su subdesarrollo continuó incluso cuando los gobiernos en el poder fueron dirigidos por las mayorías negra y de india oriental. La discriminación racial entre los grupos es todavía evidente en la sociedad como lo demuestra el uso común de las expresiones racistas como “nigger,” “coolie,” y “buck.”

Todos los pueblos de Guyana han sentido la injusticia del colonialismo como una terrible experiencia de sufrimiento, cada uno a su manera. La historia debe ser recordada, pero no por ello se debe definir a nadie. Son las acciones que cometemos hoy las que nos definen quiénes somos. Afroguyaneses, indios orientales, y amerindios han sido víctimas, y en vez de definirse cada uno a sí mismo por el victimismo, tenemos que identificar la causa de los problemas presentes, como las consecuencias de las acciones de otras personas. Una niña de un hogar en el que se comete abusos puede culpar a sus padres por su actual miseria, o ella puede llegar a superar lo que ha sucedido y, al hacerlo, convertirse en una adulto libre y responsable. De la misma manera, la población de Guyana tiene que recordar y es dueña de su historia, pero también hay que reconocer que el progreso y el desarrollo dependen de la cohesión social y la superación de la sospecha y la desconfianza racial.

Mientras que “Un Pueblo, Una Nación, Un Destino” es una retórica política para muchos, sin embargo ofrece una visión de desarrollo que todavía tiene valor. Los guyaneses no son un grupo cultural homogéneo; “Un Pueblo” no significa “una raza.” Un pueblo significa una comunidad de personas que comparte un sueño acerca de cómo quieren vivir su vida y qué desean ser. Puestos todos juntos son un increíble patrimonio cultural, y lo que es más importante aún, un regalo de la diversidad cultural, que expresa verdades universales sobre lo que significa ser humano, expresado de maneras distintas.

Cualquier persona que trabaja para el desarrollo de Guyana no puede definir su trabajo en términos de amerindios frente “foráneos,” o de la mujer contra el hombre, musulmanes contra hindúes o éstos contra los cristianos, homosexual contra heterosexual, o rico contra pobre. Esa es la manera de promover la separación, la discordia, la desunión y, en última instancia, el subdesarrollo.

Forbes Burnham y Cheddi Jagan, antiguos presidentes de Guyana, a pesar de sus muchos defectos, intentaron definir qué es ser guayanés. El problema, en particular con Burnham, fue que el intento de definición fue un dictado desde arriba en lugar de una conversación entre todos los miembros de la sociedad.

La definición de “guyaneses” fue a menudo reducida en lugar de ser ampliada para adaptarse a la diversidad y la riqueza real del país. Para realizar cualquier tipo de esfuerzo sobre el significado identitario, hay que hacerlo desde la apertura de nosotros mismos en lugar de cerrarnos.

Para proclamar “soy un guyanés” debería guiarnos una mayor comprensión de la amplitud de la experiencia que trajo a toda esta gente a este país para alimentar a cada uno con la fuerza necesaria para construir Guyana en el tipo de casa en la que los guyaneses quieran vivir: una tierra que es rica, limpia, de paisajes reconfortantes, y capaz de proporcionar una vida feliz y próspera para su gente.

Paul Martin, SJ

Paul Martin, SJ es el superior de los jesuitas en Guyana, donde la Compañía de Jesús comenzó su misión en 1857. Para leer más acerca de su trabajo, por favor visite su sitio web http://www.guyanajesuits.org/.

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