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Qué es subir una montaña

30 Abril 2013

Foto de: P Walpole

Pedro Walpole, SJ

China tiene una de las mesetas calcáreas de mayor extensión en el mundo, y en el sur de China se han desarrollado los más variados paisajes kársticos. Se cree que el sur tiene la mayor superficie kárstica del mundo, incluyendo el este de Yunnan.

El paisaje kárstico se extiende a través de ocho provincias del sur de China – desde Jiangxi y Hubei en el este a Guizhou, Sichuan, Yunnan y partes de Tíbet en el oeste. La franja kárstica de China se extiende por cerca de 600.000 kilómetros cuadrados en la que viven entre 80 y 100 millones de personas. Estas áreas son conocidas por ser las fronteras de la pobreza, la ecología, y las oportunidades en el sur-suroeste de China.

Yunnan cuenta con casi el 44 por ciento de la superficie total, desde Kunming hacia el este es un gran escenario de muchas formas kársticas. El más famoso es el bosque de piedra en el Distrito Autónomo de Shilin Yi, a unos 80 kilómetros al sureste de Kunming. Abarca 350 kilómetros cuadrados de pináculos de karst que surgen de la tierra como árboles, creando la ilusión de un bosque. Al sureste está el pantano de Qiubei donde terminan las elevaciones.

La zona se divide en tres ecosistemas: los ecosistemas kársticos, el ecosistema del río y la gruta y los ecosistemas agrícolas. En gran parte de las zonas de piedra caliza hay bosques de pino en diferentes condiciones. En esta época del año, por las mañanas, gran parte de la zona está envuelta en nubes; la humedad es suave y permite preparar la tierra para la siembra temprana. El paisaje está salpicado del color de la floración de la pera, la manzana, el durazno, y la ceiba. Más arriba en las colinas, los rododendros y camelias florecen abundantemente, y el suelo es como una alfombra de boda, cubierta con pétalos de flores. Oleadas de brotes verdes brillantes son como llamas entre la vegetación más oscura, especialmente los alisos y las ciruelas silvestres.

Pequeños ríos desaparecen entre acantilados con paredes enormes que han custodiado la entrada desde siempre. Hay otros lugares con una serie de sumideros, terrenos en desnivel y colinas elevadas. Los campos se ven como si hubieran sido sembrados con piedras.

La tierra produce brócoli, hojas de mostaza o semillas para aceite de colza. Parte de la tierra se inundó en la preparación de la nueva campaña de arroz. Subiendo, los senderos están llenos de rastrojos de maíz, restos evidentes de la campaña anterior. Los arbustos crecen a lo largo del camino. Algunos se cortan para leña por ser de fácil acceso, con alisos como la principal fuente de rebrote durante décadas, y algunos troncos desmochados que deben ser de un siglo de antigüedad. Esta ha sido una parte de la vida, a lo largo de estos caminos, durante generaciones. Cada curva cóncava en el paisaje es en una acumulación de humedad, y con frecuencia una fuente que si se impidiera el acceso a los animales las personas podrían beber agua limpia de ellas.

En algunas áreas, los pinos son intensos y la alfombra de agujas es tan gruesa que se resbala a lo largo de la pendiente. La pícea de Corea crece en la zona. Las semillas brotan durante esta época del año regenerando algunas zonas, lo que garantiza generaciones futuras. En otras zonas se aprovecha el pino para la resina, pero por desgracia estos viejos árboles de 50 años, o más, no sobrevivirán por mucho tiempo a esos cortes tan agresivos y dejarán de dar resina.

Más arriba, algunos de los afluentes son zonas de pastoreo de vacas, cabras y caballos que se mueven a lo largo de las pistas como “animales de carga.” En algunas zonas, la vegetación es abundante, incluso parece intacta, aquí los medios de vida de muchas personas se mantienen gracias a los procesos naturales, pero muchos se están empezando a cuestionar sobre el uso sostenible de la tierra y el agua, de la belleza y la fuerza de la tierra, y su relación con las personas.

Foto de: P Walpole

Tao Guo Fei, un joven local de 18 años, recoge una hermosa flor de rododendros, la lleva durante una larga distancia, mientras caminamos le pregunté por qué había recogido esa flor. Me contestó que “es algo hermoso y su nombre es la flor del águila. Es parte de este paisaje y de nuestra gente. Y sí, la de color rosa se llama té silvestre, y es una hermosa camelia.” ¡Qué respuesta! ¿Dónde pudo haber aprendido esa reflexión y la expresión de la identidad cultural? Se trata de un joven al que había visto un poco antes usando un teléfono celular cuando estaba de pie junto a su llamativa moto, pero de alguna manera, es capaz de gestionar bien los retos de la globalización.

Caminamos desde el canal hasta la meseta de unos 2.000 metros de altitud, conocida como ɡāo shān cǎo diàn, que se podría describir como una pradera alpina. Se trata de un área de intenso calor y luz, viento y frío. Como consecuencia de ello, su vegetación está muy cerca del suelo, principalmente gramíneas perennes, juncos y plantas herbáceas. Es una suave pendiente de hierba, con muy viejos arbustos, de escasa altura y con un sistema radicular débil. Musgos y líquenes son otras de las formas de vida que se encuentran abundantemente en la zona.

Las áreas que son pisadas por el paso de humanos y animales se están degradando rápidamente, y de forma irreversible, si no se interviene. Los alerces jóvenes y arbustos rododendros se consideran normalmente como la sucesión en los prados alpinos. Los vientos fuertes son comunes en los ecosistemas alpinos con menos precipitación (promedio de 300 milímetros al año) lo que provoca un ambiente relativamente seco. Gran parte de su agua proviene de la humedad en las copas de los árboles más altos. Se trata de un ecosistema más crítico, donde la tasa de erosión del suelo es elevada, y la alta radiación solar promueve la alta evaporación y transpiración. Con sólo un poco más de presión el sistema podría colapsar.

En la última zona de piedra caliza, escarpada y erosionando con curvas y ojos muy antiguos, es fácil detectar la presencia humana que se remonta a una cultura y un estilo de vida antiguos. Entre los afloramientos de piedra caliza, hay una piedra funeraria frente a un montículo. Hombre y mujer han vivido y muerto aquí, dando vida a todos los seres, a toda la vida – alma – de la tierra que de otro modo habrían quedado desconocidas. Con las bocas abiertas, y las cuencas de los ojos abiertas, estas piedras erosionadas, de mirada aturdida son incapaces de contar más historias de este territorio.

Al alcanzar la cumbre se encuentra una preciosa meseta de tierra roja, sembrada de nuevo con piedras. Es inmensa, se extiende hasta el cielos; otro mundo enorme por encima de los estrechos valles, un mundo de gran diferencia, ajeno a la vida que está más abajo. Aquí toda el agua fluye subterránea, es una tierra sin ríos. Esta tierra roja se intensifica y desaparece en remolinos profundos, como sumideros, que no pueden retener el agua, la vegetación se encarama buscando cada gota de humedad que puede absorber de la atmósfera. Este paisaje de tierra y cielo esculpido por el agua y el trabajo es la identidad y el sentido de un pueblo. Son relaciones impresionantes del presente, sin saber lo que serán en el futuro. Pero hoy es un modelo excepcional de relaciones, geológicas y humanas.

A medida que la luz se queda con nosotros, para guiarnos en nuestro descenso, vemos todo de nuevo con luz más pálida y también el penetrante resplandor blanco brillando en las sombras.

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