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¿Qué significa curar un mundo herido hoy en Japón?

30 Noviembre 2013

Monte Fuji y paisaje circundante. Foto de: P Walpole

Pedro Walpole, SJ

En un país reconocido por su profundidad, calidad y sentido cultural refinado de la simplicidad, las respuestas y acciones a las preocupaciones ambientales son de valores más amplios que el que tiene un simple ciudadano. La gente tiene una relación de trabajo con sus paisajes (ya sea cultural, espiritual, económico o social) y, para muchos, no es un conocimiento de dónde se encuentran en el sistema ecológico. También hay un profundo cuestionamiento de la forma de responder de manera adecuada, la promoción de una sociedad no nuclear post-Fukushima está creciendo incluso aunque no existen todavía claras alternativas. Y mientras que hay un entendimiento verdadero sobre los desastres, hay preguntas profundas en la sociedad en cuanto a cómo esta empatía genuina con el medioambiente se traduce en mejoramiento social y qué dirección se debe tomar en su desarrollo como nación, a sabiendas de que el modelo occidental de consumo es inmantenible e insostenible.

Estos pensamientos los fui desarrollando durante varias conversaciones y presentaciones el mes pasado a lo largo de una serie de reuniones mantenidas con profesores y estudiantes en varias escuelas secundarias jesuitas a lo largo de Japón, el centro social en Tokio y la universidad Jōchi (Sophia). También tuve la oportunidad de reunirme con profesionales jóvenes japoneses que terminaron su programa de posgrado con la Universidad para la Paz de Naciones unidas bajo el programa de becas para Constructores de la Paz patrocinado por la Fundación Nippon.

El monte Fuji es quizás uno de los paisajes más autóctono e inspirador de todos los existentes en el país y el koyo, el cambio otoñal de las hojas, es profundamente conmovedor, que se extiende a la imaginación y el corazón. El otoño también es una época de cambios, cuando sabemos que debemos prepararnos para el invierno.

La vida rural presenta una sencillez que refleja muy claramente la seguridad de la propia identidad humana cuando la comunidad está en el centro de la gestión de los recursos, la sostenibilidad económica y los servicios ecológicos. Estos son valores genéricos que se encuentran en muchas culturas marginales a través de Asia Pacífico, con la que los jóvenes de hoy en día todavía se pueden conectar. No todos están en contacto con esta sencillez, ya que la ética del trabajo urbano muestra pocos cambios y no es dinámico en respuesta a cambios más globales. Sin embargo muchos reconocen que los amigos y la comunidad nos pueden dar nuestra propia identidad, que no somos simplemente identificados por una tarjeta de visita.

Viviendo con sentido la sencillez natural y la adaptación rural, podremos enfrentarnos mejor a la incertidumbre, el sufrimiento, la duda y la muerte; creceremos humildes y más fuertes, queriendo más profundamente. Tenemos que ver, discernir y actuar. Hacemos esto mediante la interacción con los demás y abandonando nuestra soledad. Necesitamos hablar de nuestros miedos y sacar nuestras dudas para poder formularnos las preguntas correctas que nos permitan dirigirnos hacia adelante. De esta manera comprenderemos la sencillez que necesitamos, y el sacrificio que tenemos que hacer en estos momentos. Estos fueron algunos de los sentimientos de los jóvenes con los que me encontré.

Las historias de Fukushima en 2013, hablan que las personas de las zonas afectadas se sienten solas, perdidas, no tienen visión de futuro y necesitan trabajo. Los voluntarios son una presencia valorada y una oportunidad para la acción; dan todo de sí mismos y preguntan a cada persona “¿cómo te va?,” creando un nuevo tejido comunitario.

Cualquier acto de sanación lleva una actitud u orientación que se centra en el otro y el reconocimiento de que el otro está herido. En cierto sentido, se trata de relaciones humanas básicas donde la curación es personal, y no una regulación de lo que oficialmente se debe hacer. La curación es un proceso que da fuerza de diferentes maneras, tanto para el que está siendo curado como para el que presta la ayuda. El centrar nuestro foco es importante, siendo un cuidado específico para con el otro en un mundo al que yo también pertenezco y en el que no busco más que un aura de bienestar general. Esto lleva a nuestra relación con la naturaleza.

El ex primer ministro Junichiro Koizumi se ha movido a una posición anti-nuclear y está llamando a la actual administración japonesa a cambiar. El diputado y activista antinuclear Taro Yamamoto (miembro de la cámara alta) rompió el protocolo el pasado 31 de octubre y entregó al emperador Akihito una carta, explicando su acción como un intento de informar al Emperador de los continuos riesgos para la salud, especialmente para los niños, debido a la filtración de agua contaminada en la planta nuclear de Fukushima. Concentraciones civiles (que continúan) en los últimos 80 viernes alrededor del edificio del parlamento son impresionantes por su simplicidad y compromiso. Los ancianos están muy involucrados, no solo porque tienen tiempo, sino también convicción, a pesar de que no se trata de su futuro. La familia industrial nuclear es un grupo muy especial y cerrado que tiene un férreo control sobre lo que el gobierno actual puede hacer.

Las instituciones nos definen, y debemos comprometernos con ideas de cambio para una construcción nueva. Nuestros edificios reflejan nuestros estilos de vida, pero ¿podemos construir con sencillez que también refleja hacia dónde queremos ir? Este es el desafío.

La empatía global también puede profundizarse con el creciente uso de las nuevas tecnologías en comunicaciones. No sabemos cuáles serán las necesidades de la población y cómo será la economía dentro de 20 años si queremos mantener una mayor capacidad de respuesta y la sensibilidad. Existe un desafío para involucrarnos a nivel global, no de retirarnos a nuestros propios asuntos, y considerar lo que la gente dice o busca en la vida. Hay compasión por la pérdida de vidas y el dolor de los que sobrevivieron al reciente tifón Yolanda en Filipinas central.

Joven japonés encontrándose su sentido de sí mismo a través de la ecología. Foto de: P Walpole

Aprender a valorar el medio ambiente y nuestro planeta Tierra más allá de los estudios en la universidad permite no sólo su apreciación, sino también la relación que establecemos con ella. Algunos estudiantes compartieron sus preocupaciones sobre la acidificación de los océanos, las necesidades mundiales de agua, el daño nuclear, las limitaciones a la educación, los tifones, y el consumismo, y qué aprendemos para poder cuidar de los demás. El uso del conocimiento, la persuasión de la familia, la comunidad y el gobierno puede ser aplicado en todo para actuar por el bien global.

Uno de los estudiantes de la universidad me preguntó si ahora es una cuestión de hacer mayores sacrificios y mi respuesta fue que el asunto de sanar un mundo herido no se centra en privarse de lo que a uno le gusta o en hacer grandes sacrificios, sino en el deseo de responder a necesidades reales, lo que lleva a alguien a aprender la sencillez y profundizar en una actitud y cultura del cuidado.

Muchas de las cosas a las que nos acercamos nos ayudan a simplificar nuestra propia vida y estilo de vida, así como apreciar aún más la calidad de vida de los demás. Dar lo que nos sobra es realmente como el pago por algo que nos molesta o algo irritante que queremos que desaparezca. La gente en Japón está ayudando a los damnificados del tifón que azotó Filipinas no porque les molesta, sino porque se preocupan profundamente por ellos. Existe un alivio, una alegría, si se puede decir en estas circunstancias, por ser capaz de encontrar un cierto significado en este tipo de desastres. Por lo general, no tenemos el tiempo para detenernos y pensar – y sentir – en estas cosas, pero cuando lo hacemos, cuando actuamos, hay un cierto alivio en nuestra propia vida. El cambio de actitud viene fácil, porque viene de un entendimiento profundamente humano.

Cuando se habla de la dirección que el desarrollo debe tomar, las preguntas y las dudas de la gente deben ser abordadas tanto desde un nivel humano básico basado en la experiencia, como desde un nivel técnico. Surgieron preguntas y declaraciones como las siguientes:
“El problema es tan grande, que hay poco que parece que se pueda hacer.”
“Ahorro energía, pero ¿qué más puedo hacer?”
“Cuando trabajamos por la justicia vemos el rostro de los pobres, pero trabajar por el medio ambiente es difuso.”
“Estoy confundido. Para mí, la contaminación parece que es algo abstracto, impersonal, y no soy capaz de sentir el sufrimiento de los demás. Es demasiado disperso a lo largo de todo el mundo.”
“Algunos dicen ‘Me gusta el béisbol por hobby o por elección, y para otros, es la ecología.’ Pero ¿cómo puedo ayudar a la gente a ver la diferencia?”

La destrucción del medio ambiente no es sólo el impacto directo de nuestro estilo de vida sobre áreas protegidas o sobre áreas de belleza virgen, que son en sentido figurado mundos aparte, aunque en realidad estamos totalmente conectados. A veces es importante ver la cara y las circunstancias humanas como un todo, sin separar el lugar donde vivimos. A menudo se utiliza el rostro de los pobres para reflejar el estado de las condiciones en África, donde es posible que nunca vayamos, o los “pobres” (personificado) osos polares en el agua para mostrar el deshielo y el cambio climático.

Sabemos que existe una conexión y que “hay que actuar,” pero lo mejor es que nos centremos en lo que podemos hacer. Tenemos que identificar lo que podemos reconocer, lo que podemos compartir con los demás, lo que puede afirmar nuestra humanidad.

Buscando alternativas pacíficas hacia un futuro no nuclear . Foto de: P Walpole

Un mundo herido, un ambiente herido, no carece de la dimensión personal y social si compartimos un sentido de pertenencia. Del mismo modo, no hay motivo para una experiencia subjetiva de consuelo que no se base en el rendimiento o un impacto que se pueda definir.

Hay muchas cuestiones ambientales, pero si hablamos de las preocupaciones que están centradas en nosotros, a partir de nuestra esperanza, nuestro amor, nuestra voluntad de transformarnos de nuevo, entonces buscaremos los caminos para sanar. Crisis es cambio, pero no tenemos que vivir resignados en la crisis. Si somos capaces de compartir valores, estaremos más preparados para ver más allá de la crisis y actuar.

El cambio personal positivo y duradero no proviene de la autoridad, sino de la sabiduría local. Comienza con gratitud -una profunda afirmación de lo que es ser humano. Muchos jóvenes están confundidos, solos, inseguros en el mundo de hoy, y conocer la “ecología” les da un sentido de pertenencia. Algunos de sus comentarios incluyen que tienen demasiado que hacer, cómo pueden simplificar sus vidas y cómo pueden disfrutar y comunicar su sentido de la vida.

Cuando conozco “en la ecología de las cosas” quién soy y de dónde yo soy, puedo ser más sensibles a nivel local y comprometerme entonces de manera más amplia. La participación activa con una preocupación ambiental no es una ideología, no es una ciencia, sino una forma de vida que comienza con uno mismo. No se trata de ganar con argumentos anti-nucleares, mientras que otros pierden, sino aceptar en conjunto el costo y el desafío. La sencillez no está en debate, pero sí en la comunicación y las conversación.

El Desarrollo Humano Sostenible es el asunto donde muchos jóvenes pueden conectarse globalmente. Podemos reflexionar sobre los cuatro pilares de la ONU para encontrar nuestras preocupaciones, profundizar la reflexión y la acción que se requiere en: el desarrollo económico inclusivo, el desarrollo social incluyente, la sostenibilidad ambiental, y la paz y la seguridad.

¿Tenemos preguntas urgentes y metas para el futuro que estamos dispuestos a compartir y actuar en lugar de primero discutir sobre las respuestas?

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Este artículo también está disponible en:: Inglés

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