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Recursos naturales y minerales: Una reflexión teológica

28 Febrero 2015
Foto de: European Commission, 2010

Foto de: European Commission, 2010

Frank Turner, SJ

“Para creer en Ti, debo creer en el amor y la justicia; y teniendo fe en ello es mil veces mejor que pronunciar tu nombre.” (atribuido a Henri de Lubac, SJ)

El tema de la justicia en el dominio de los recursos naturales y minerales se ha convertido en un pilar central de la Red Ignaciana Global de Incidencia (GIAN, por sus siglas en inglés). La red de Gobernanza de Recursos Naturales y Minerales (GNMR) se centra en la promoción en este ámbito.

El presente documento es a la vez una introducción y una versión abreviada de un documento escrito en el año 2014 y se puede descargar en la sección de Recursos de la página web GNMR. El documento se centra en la relación de la fe con la defensa de uno de los temas cruciales de nuestro tiempo. Al igual que el documento completo, esta versión abreviada consta de cinco secciones.

Teología

La teología no se limita al lenguaje de Dios, ni es su objetivo principal elaborar eternamente doctrinas de formales de la iglesia. Refleja en todo el campo de significado constituido por Dios, el cosmos, la sociedad humana y cada persona, y sobre la relación entre estos cuatro polos. El significado religioso es el significado humano, al igual que, para los creyentes, todo lo humano es intrínsecamente religioso. Las fuentes de la revelación teológica son la Biblia – y especialmente el Nuevo Testamento (aunque eso es imposible de entender sin las Escrituras Hebreas); la larga herencia cristiana (no simplemente “la tradición” sino una confluencia de muchas tradiciones); y la propia experiencia de vida individual y comunitaria de cada creyente.

Estas diferentes corrientes se enriquecen mutuamente. Por ejemplo, para tomar las Escrituras judía y cristiana en serio hace falta leer nuestra propia experiencia, en parte a través de la lente de la Escritura, pero también siendo conscientes de que leemos necesariamente las Escrituras a través de la lente de nuestro propio entendimiento.

La realidad social puede ser en sí misma una revelación para nosotros. El Concilio Vaticano II hizo hincapié en la obligación de “la Iglesia en todo momento, la lectura de los signos de los tiempos e interpretarlos a la luz del Evangelio… Debemos tener en cuenta y comprender las aspiraciones, los anhelos y las características a menudo dramáticas del mundo en el que vivimos.” (Gaudium, et Spes (1965) Sección 4)

Una de estas “características dramáticas” de nuestro tiempo, en nuestro mundo globalizado y profundamente interconectado es la cuestión del impacto social y ambiental de la explotación de los recursos naturales: el tema no es sólo el objeto, pero puede llegar a ser también la fuente de nuestro pensamiento teológico.

Co-Creación

Los recursos naturales son de la tierra, parte de “la orden de la creación.” Por “orden” aquí se entiende no un régimen represivo de “ley y orden” sino una ordenación continua de las prácticas humanas y propósitos, que siempre es simultáneamente una resistencia al “desorden” que amenaza constantemente nuestras vidas. Estamos llamados a la “co-creación” para compartir en este proceso divino continua de “ordenación.”

Así que estamos llamados a usar recursos creados de tal manera que se sirve nuestra vocación humana (amor a Dios y al prójimo). “Las cosas sobre la faz de la tierra” (como los llama San Ignacio), sin perder su significado o valor intrínseco, se dan al mismo tiempo un sentido humano, en lugar de ser imaginado solamente como instrumental: por ejemplo, únicamente como medio de ganancia financiera.

Tome el “recurso natural” fundamental – la tierra misma. Una corporación minera, especialmente donde relativamente carece de restricciones, puede despojar los minerales de la tierra, contaminar el agua para mantener la vida, y marcharse una vez que su negocio está hecho. La tierra misma se abandona, estéril, envenenada. Los habitantes locales se ven privados de su sustento y su vida. Este modo de “uso,” que es también la devastación, simboliza una moral y (para los creyentes) una degradación teológica.

Pecado

Teología describirá tal degradación como pecaminoso. En Inglés, la palabra “pecado” a veces está vinculada con el verbo “desgarrar,” separar: en el caso de la minería, se dividen además elementos que deben mantenerse juntos; el logro de una corporación del bien de las personas sobre las que tienen impactos, y del cuidado razonable de la tierra que se explota: por lo tanto, en sentido cristiano, “se ofende a Dios.”

Nuestro ejemplo de la minería es un ejemplo de las llamadas “estructuras de pecado” por Juan Pablo II. De hecho, nuestra noción común de “un pecado” como una sola acción u omisión deliberada, es una idea derivada secundaria. En Romanos 5, Pablo describe el pecado primero como una fuerza que entra en el mundo y trae de la “muerte” – la deshumanización final. “Por cuanto todos pecaron,” dice. Todo nuestro pensamiento, toda nuestra acción tiene lugar en un mundo donde el pecado nos precede. Jesús mismo, el que “era como nosotros en todo, menos en el pecado,” sigue sufriendo el pecado del mundo (2 Corintios 5: 21).

No es, por supuesto, que las empresas sean organizaciones pecaminosas y GIAN esté libre de pecado. Un sentido del pecado, y de nosotros mismos como pecadores que puede dar humanidad, profundidad y compasión a nuestras posiciones éticas y para nuestro análisis político-económico.

Nadie crea esta “estructura de pecado” colectivo, nadie puede optar sin ayuda de ella ya que todos compartimos esta realidad humana fundamental, este “sistema.” Pero todos nosotros nacemos en ella, y contribuimos a tal realidad, que se ve reforzada por los actos individuales viciosos.

Gracia

Del mismo modo que hay “estructuras de pecado” existen “estructuras de gracia.” Sin embargo, la gracia no es más que el reverso del pecado. Si el mal es una “fuerza,” por lo que la gracia es un “poder para el bien.” En la fe cristiana, la gracia tiene una ultimidad que el pecado no lo hace. Como San Pablo insiste, “donde abundó el pecado, abundó más la gracia” (Romanos, 5:20). Así como “todos pecaron,” por lo que todos pueden recibir y mediar la gracia. La gracia es el don de la auto-comunicación de Dios, de modo que todos los seres humanos pueden compartir la misma vida de Dios.

Por lo tanto hay un área de la vida humana que se encuentra fuera del alcance de gracia. En este mundo en el que la bondad es siempre, en parte, una resistencia activa a la mala vida, política y económica, ya sea que tiende hacia lo que el teólogo Rowan Williams llama “la justicia perfecta de dependencia mutua en comunión” o encarna la realidad del pecado, como se mencionó anteriormente. Más precisamente, evitando cualquier esquema binario crudo, nuestras vidas están invariablemente atrapadas en procesos en los que tanto el bien como el mal coexisten y conflicto.

Este conflicto entre “pecado” y “gracia” que se celebró en términos seculares, cruza todos los límites humanos. De esta manera las empresas pueden despojar a la tierra, pueden pagar a sus trabajadores de manera injusta para la realización de las tareas sucias y peligrosas, pueden desviar el exceso de ganancias mientras al tiempo que evaden obligaciones tributarias y aduaneras. Dentro de estas mismas empresas, la lucha contra las fuerzas activas promoverá prácticas social y ambientalmente responsables.

Las poblaciones locales que defienden sus comunidades y organizaciones de la sociedad civil que trabajan con ellos, nos pueden inspirar con su dedicación y valentía. Pero “todos han pecado,” y los líderes locales pueden buscar su ganancia individual a expensas de los demás, y ser comprados por la riqueza empresarial.

Organizaciones de la sociedad civil que se enfrentan al desafío de sus propias tentaciones de deshonestidad o de auto-engrandecimiento pueden descuidar la consulta local, pueden caer sobre las comunidades y debilitas.

Organismos reguladores y de otras autoridades gubernamentales son indispensables: donde son ineficaces, el sector de los recursos es vulnerable a la corrupción sin fin y la negligencia. Pero los políticos y los funcionarios también pueden a veces dar prioridad a sus propios intereses y su propio poder.

Como personas individuales podemos aspirar a un orden económico internacional equitativo, mientras permanezcan unidas a nuestros privilegios económicos devengados, y así resistir cualquier cambio no en nuestros propios intereses.

Para tomar en serio tanto el pecado y la gracia, implica que queda abierto a nuestra propia conversión adicional. Permanecer libres de ilusiones acerca de nuestra propia virtud y nuestro propio impacto social es en sí mismo una lucha de gracia.

Esperanza, Tragedia, Liberación

La fe donde “sobreabundó la gracia” no es inocente. San Pablo defiende su argumento en la luz de la Resurrección de Cristo, sin minimizar el horror de la cruz, que para “los judíos era un motivo de escándalo, y para los gentiles una locura” (1 Corintios 22:25).

La lucha en el poder de la gracia, “reparar el mundo” (en este caso el mundo industrial-comercial de la extracción de recursos), no ofrece ningún escape de la tragedia. Miles y miles de vidas han sido sacrificadas en toda la historia de la minería: en todos los países a través de condiciones inseguras y accidentes evitables; en muchos países a través de la violencia endémica en entornos en los que el poder corporativo o militar opera bajo muy poca restricción o regulación, y donde las empresas pueden incluso emplear a los grupos armados ilegales para proteger su inversión, pueden envenenar a fin de destruir las existencias tanto de la salud humana y de los pescados y existencias animales.

Este “realismo” de ninguna manera implica que los esfuerzos hacia la justicia sean inútiles. La minería del carbón es peligrosa en todas partes. Pero es menos peligroso en los EE.UU. en 2015 que en 1915: y menos peligroso en los EE.UU. hoy que en China o Rusia. Los desastres ambientales afectan a muchas regiones del mundo, sin embargo, el impacto en las comunidades afectadas y las respuestas de los gobiernos y las corporaciones difieren dramáticamente dependiendo de la región.

La promoción hace una decisión para la esperanza. Cualquier campaña puede parecer inverosímil en un mundo donde el 80% de los recursos del mundo son requisados por el 20% de la población mundial más rica; donde esta cuasi-monopolio del poder se convierte en el dominio de los organismos reguladores internacionales; y donde tanto el consumo de este 20% se convierte rápidamente en los residuos. Sin embargo, la virtud teologal (y la gracia) de esperanza busca y encuentra formas de promover el bien humano y limitar los daños a los que más sufren. Esto siempre es posible.

La forma en que ver los asuntos mundiales. Los que ven y entienden que los recursos del mundo son para los pueblos del mundo serán fieles a trabajar por el “orden” que rechaza el trastorno fundamental.

Seguimos viviendo en el mundo elocuentemente descrito por San Pablo en Romanos 8: 22-25:

“Sabemos que toda la creación gime con dolores de parto hasta ahora; y no sólo ella, sino también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, mientras esperamos la adopción, la redención de nuestro cuerpo. Porque fuimos salvados en la esperanza. Pero la esperanza que se ve no es esperanza. ¿Quién espera lo que ya tiene? Pero si esperamos lo que no tenemos, lo aguardamos con paciencia.

Frank Turner, SJ

Frank Turner, SJ

Frank Turner, SJ está involucrado con el Jesuita Centro Social Europeo como Secretario de Asuntos Europeos, participando con las estructuras políticas europeas en responder a las preocupaciones de la justicia social en la Unión Europea y más allá. Ha enseñado en las universidades de Manchester y Londres mientras viven en zonas de privación social. En el verano de 2014, tomó una cita de un año como profesor de Catholic Social Thought en el Lane Center, la Universidad de San Francisco en San Francisco, California, EE.UU.

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Este artículo también está disponible en:: Inglés, Francés

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One Response to Recursos naturales y minerales: Una reflexión teológica

  1. Aurelio Vera Vera s.j. en 28 Marzo 2015 en 7:32 am

    Thanks a lot, Frank. Mi sencilla reflexión es desde Sud América. Existen más preguntas que respuestas: ¿Qué estamos haciendo para seguir crucificvando a tantos empobrecidos hermanos…? Qué estamos haciendo para descrucificarlos concretamente…?¿Qué vamos a hacer para Resucitalos…? San Ignacio dde Loyola en la lucha de las dos banderas coloca la contemplacion: El Misterio de Iniquidad nos tienta con: “Cidicia de riquezas…” Consumismo, consumo, luego existo… Compramos, luego somos, extraemos minerales (matando a la Madre Tierra (Pacha mama), luego somos los mejores… Poder Económico: Capitalismo… “Vano honor del mundo..” Los garndes hacen leyes de acuerdo a su imagen y senejanza… De acuerdo a sus sórdidos interes, a su acumulación… Poder Estatal… “Crecida soberbia…”, dice San Ignacio… Nos creemos los dueños,amos y señores del mudno con todos estos sustentáculos injustos y egoístas… ¿Qué podemos y debemos hacer…?

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