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Sanar un mundo herido desde nuestras comunidades: Reflexionar y rezar sobre el regalo de la creación

15 Noviembre 2014
Miembros de comunidades cristianas locales se organizan y debaten cómo vivir de forma ecológica en su realidad local

Miembros de comunidades cristianas locales se organizan y debaten cómo vivir de forma ecológica en su realidad local

Jaime Tatay, SJ

En su primera homilía como papa, el 24 de abril del 2005, Benedicto XVI afirmó: “Los desiertos exteriores se multiplican en el mundo, porque se han extendido los desiertos interiores. Por eso, los tesoros de la tierra ya no están al servicio del cultivo del jardín de Dios, en el que todos puedan vivir, sino subyugados al poder de la explotación y la destrucción. La Iglesia en su conjunto, así como sus Pastores, han de ponerse en camino como Cristo para rescatar a los hombres del desierto y conducirlos al lugar de la vida, hacia la amistad con el Hijo de Dios, hacia Aquel que nos da la vida, y la vida en plenitud.”

Ocho años después, el 19 de abril del 2013, el recién nombrado papa Francisco hizo una afirmación similar: “La vocación de custodiar no sólo nos atañe a nosotros, los cristianos, sino que tiene una dimensión que antecede y que es simplemente humana, corresponde a todos. Es custodiar toda la creación, la belleza de la creación, como se nos dice en el libro del Génesis y como nos muestra san Francisco de Asís: es tener respeto por todas las criaturas de Dios y por el entorno en el que vivimos.”

Ambos papas, Benedicto y Francisco, igual que Juan Pablo II, nos han invitado repetidamente a ponernos en camino, como comunidad creyente, para cuidar la vida de la comunidad humana y de la creación. Una y otra, insisten, van de la mano. El cuidado de la creación es parte de la vocación cristiana, parte de la vocación de “custodio,” como le gusta decir a Francisco.

Por eso el cuidado del medioambiente no puede ser alimentado sólo con argumentos políticos, económicos y técnicos, por muy acertados que sean. Cuidar la creación requiere una constante renovación espiritual. La vocación de custodio de la creación, en último término, es una invitación a cuidar nuestras propias vidas, nuestra vida espiritual, nuestros “desiertos interiores.” Y aquí es donde la espiritualidad, para los creyentes, se vuelve un elemento clave en el debate medioambiental, una espiritualidad de la resistencia ante la dificultad, la incoherencia y la complejidad de los problemas y una espiritualidad del agradecimiento para seguir caminando, cuidando y celebrando el regalo de la vida.

Guías de oración y reflexión en comunidades ignacianas

Guías de oración y reflexión en comunidades ignacianas

Si la cuestión ecológica no entra en nuestra espiritualidad, en nuestra oración y en nuestras celebraciones, simplemente no entrará. El superior de los jesuitas, el P. Adolfo Nicolás, ha insistido sobre la importancia de la profundidad y el silencio en nuestra vida apostólica. El silencio, aparente pérdida de tiempo en un mundo con tantos asuntos urgentes, se torna fecundo y vital para la misión. Por ello, nos dice el P. Nicolás, no basta con “hacer silencio” además debemos “hacernos silencio.”

Parafraseando a P. Nicolás, podríamos decir: no basta con estar informados y concienciados respecto a la ecología. Es necesario, además, hacerla nuestra, hacerla parte de nuestra vida interior, parte de nuestra espiritualidad.

La vida espiritual y la vida comunitaria son dos ámbitos donde una espiritualidad “ecológica” – una espiritualidad de la resistencia y del agradecimiento – se ha de cultivar. Con esa intención el apostolado social de la Compañía de Jesús en España ha elaborado Sanar un mundo herido desde nuestras comunidades: Materiales para la reflexión y la oración en clave ecológica e ignaciana.

Organizados en cinco bloques – dos reflexiones y tres oraciones – las guías invitan a parar y redescubrir las fuentes de la espiritualidad cristiana que nutren el compromiso por la creación.

Ojalá los jesuitas y toda la familia ignaciana podamos hacer uso abundante de ellas – reflexionando, meditando y rezando juntos – para convertirnos, poco a poco, en cuidadores de la vida humana y de la creación.

Los materiales de reflexión y la oración Ignaciana pueden ver y descargar aquí.

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Este artículo también está disponible en:: Inglés

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