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Si quieres la paz, protege la creación

Si quieres la paz, protege la creación

Jose Ignacio Garcia SJ

El Papa Benedicto XVI será recordado, sin duda alguna, por muchas cosas pero también será recordado por cómo se preocupó de los problemas ecológicos y medioambientales.  Hasta ahora éste había sido un tema menor en el magisterio de la Iglesia Católica pero Benedicto XVI lo ha convertido en un asunto central en su reflexión teológica y moral.

De hecho, las iniciativas del Papa Benedicto XVI no se refieren sólo a sus escritos sino también a hechos concretos como el intento de que el Estado Vaticano sea neutro en sus emisiones de CO2, los 1.000 habitantes del pequeño Estado Vaticano, que cuenta con un territorio de medio kilómetro cuadrado, consiguen neutralizar sus emisiones de CO2 mediante un bosque plantado en Hungría y paneles solares instalados sobre el Aula Pablo VI, el lugar donde se celebran las audiencias del Papa.  En cierto sentido el Papa ha buscado también lo que todos deseamos en esta cuestión ecológica: la coherencia entre nuestro discurso y nuestras acciones, por pequeñas que éstas puedan ser.

El Papa Benedicto XVI ha hablado en distintas ocasiones sobre ecología y medioambiente y me gustaría destacar, a modo de titulares,  algunos de los rasgos fundamentales de su pensamiento sobre esta cuestión.

“La naturaleza expresa un designio de amor y verdad.”  Este es un argumento muy importante para el Papa Benedicto XVI y sería un punto de partida para ir deduciendo todos los demás argumentos.  Reconocemos que este designio de amor, esta voluntad de Dios, es anterior a nosotros y la recibimos como un don.  Recibimos la naturaleza como un don del Creador y en ella descubrimos una auténtica ‘gramática’ en la que aprendemos no sólo criterios para su uso sino también para su destino.

En esta perspectiva el desarrollo humano, económico y social de los pueblos, debe estar regido por la solidaridad y la justicia inter-generacional1, el designio de amor incluye la vida digna de todos los hombres y mujeres y el respeto a todo lo creado.  Abusar de la naturaleza es actuar en contra de la voluntad de Dios.

El libro de la naturaleza es uno e indivisible2 esta afirmación es un gran reto para nuestra comprensión de la vida.  No podemos entendernos sólo como individuos aislados, pero tampoco es suficiente entendernos como colectividad, como grupo humano, esto todavía no sería suficiente para poder leer íntegramente el libro de la vida.  La vida humana es-en-relación con el medio en el que se desarrolla y es-en-relación con los otros seres presentes en ese medio.  Pensar que es posible la vida humana con independencia del medio ambiente y los otros seres vivos es una idolatrización del ser humano.  La integridad de la creación se convierte así en el gran reto para nosotros los creyentes.

“Si quieres cultivar la paz, protege la creación.”  Éste fue el título del mensaje para celebrar el Día Mundial de la Paz, del 1 de enero de 2010. Para Benedicto XVI la paz es el fruto deseado que debe regir las relaciones dentro, y entre, los pueblos pero para ser real, y duradera, necesita incluir el cuidado de la creación.  El medio ambiente se ha convertido en causa de sufrimiento directa para millones de personas.  Las inundaciones y las sequías, la contaminación de las aguas, la destrucción de bosques y zonas de pesca, la desertificación o la construcción de grandes presas han obligado a millones de personas a abandonar sus hogares o a vivir bajo una permanente amenaza.  El beneficio de la explotación de los recursos naturales – minerales, petróleo y gas – en muchos lugares, no se ha puesto al servicio de las poblaciones locales sino que ha servido para favorecer a unas élites locales y a empresas multinacionales, y lo que es peor, en muchas ocasiones esa riqueza a servido para alimentar conflictos armados.  En un horizonte más amplio, los efectos del cambio climático ponen en evidencia que la acción humana incontrolada y desmesurada se ha convertido en el primer elemento de riesgo para la propia humanidad.  Si queremos de verdad la paz, tenemos que lograr que la riqueza de los recursos naturales se ponga al servicio de los más pobres; y si queremos una paz duradera tenemos que asegurar la protección del medio ambiente.

“Fe en el Espíritu creador.”  La acción de Dios no se detiene con la iniciativa creadora sino que permanece y acompaña a esa misma creación.  El Espíritu Santo se convierte en el valedor de nuestros esfuerzos para que el don de la creación sea tratado como corresponde.  Para Benedicto XVI “la Iglesia no puede, y no debe, limitarse a transmitir a sus fieles sólo el mensaje de la salvación.  Tiene una responsabilidad con respecto a la creación y debe cumplir esta responsabilidad también en público.  Al hacerlo, no sólo debe defender la tierra, el agua y el aire como dones de la creación que pertenecen a todos.  También debe proteger al hombre contra la destrucción de sí mismo.”3  La creación entera está gimiendo, podemos sentirlo, casi escucharlo4, y está esperando que los seres humanos la protejan junto con su Dios.  El Espíritu creador nos permite reconocer que Dios es Dios de todo lo creado: de los seres humanos, por supuesto, pero también de la naturalez; y la redención de Dios se extiende a todo lo creado, no sólo a una parte.

Para el Papa Benedicto XVI la responsabilidad medioambiental no es una moda ni una cuestión de enfrentamiento ideológico sino un grave problema de nuestro tiempo que exige la respuesta de la Iglesia para despertar las conciencias y llamar a la responsabilidad.  No es sólo un problema tecnológico, es una manera de ver el mundo y a los seres humanos en él.  Para Benedicto XVI la paz entre los seres humanos, el desarrollo auténtico, y la justicia social sólo serán posibles si consideramos los impactos de nuestra acción sobre el medio ambiente y actuamos de modo que se pueda preservar la integridad de la creación.

Publicado en Pastoral Jesuitas

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1 Caritas in Veritate, n. 48

2 Caritas in Veritate, n. 51

3 Discurso de Benedicto XVI a la Curia Romana, Diciembre 2008

4 Encuentro con sacerdotes de la Diócesis de Bolzano-Bressanone, Agosto 2008

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