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Una perspectiva histórica: la ecología de la conquista

16 Abril 2012

Foto de: earthobservatory.nasa.gov

Alain Lipietz

Una civilización (en griego “politización”) se refiere siempre a una doble conquista: la dominación de una parte de la naturaleza como origen y la fortificación de los seres humanos en casas y ciudades, frente a una naturaleza hostil.  Toda civilización se deriva de una revolución, que comenzó hace diez mil años y que todavía no ha finalizado: la revolución neolítica.  Esta conquista permitió a los pueblos no sólo tomar de la naturaleza aquello que el hombre necesitaba para sobrevivir, sino también para acumular recursos y reservas para el futuro.  Esta manipulación de la naturaleza permitió también la construcción de las murallas de las ciudades, entre las cuales nacieron los dioses a través de la observación de la naturaleza.  Entre ellos estaban también el Dios de los judíos, cristianos y musulmanes.

Algunas civilizaciones celebraron este nuevo programa de la capacidad humana.  La Biblia expresó con admiración esta ambición, en la que se confía al hombre la misión de “creced, multiplicaos, someted la tierra.”  Y todo esto sin escatimar esfuerzos.  De acuerdo con el sueño de Isaías, “los valles será levantado, y las montañas y colinas, serán abajados.”  Esta frase, que podría causar, hoy en día, las marchas de protesta de grupos ecologistas, nos recuerda lo maravillosa que era la naturaleza para la gente de esa época.  Otras civilizaciones compartían también esta visión de la naturaleza.  Los sumerios proclamaban el poder demiúrgico de sus reyes, como Gilgamesh, quien viajó al Medio Oriente a construir un palacio, antes de descubrir su propia finitud, su propia mortalidad.

Es importante entender que este dominio de la naturaleza era ya una ecología política.  El hombre de las ciudades emergentes ciudades programadas de forma racional la conquista de la naturaleza.  Las ciudades eran los primeros lugares donde se planearon los sistemas de riego, donde los escribanos compilaron grabados los registros de tierras y los rendimientos medidos de las cosechas.  Aplicaron su conocimiento y su racionalidad al ámbito agrícola que desde el principio apuntaba a la idea de la colonización.

La colonización fue precisamente la marca de lo que Paul Valéry llamó el mundo “inacabado.”  Sin embargo, el avance de la agricultura y la arquitectura, el comienzo de una “profunda” colonización, fueron quizás más importantes que la historia de las conquistas que se extendieron hacia un espacio vacío o deshabitado, o habitado por “bárbaros.”  Los escribas de los sumerios y de los faraones son los ancestros de nuestros ingenieros agrónomos, de montes, forestales, de caminos, y de aguas.  El poder de los reyes a los que servían fue legitimado gracias a la utilidad de sus trabajos, que ayudaron a mejorar las condiciones de vida y las capacidades de los grupos humanos.

Alain Lipietz.

Sr Alain Lipietz es economista e ingeniero y es miembro del partido ecologista francés y es diputado del Parlamento Europeo desde 1999.  Este artículo, que nosotros hemos adaptado para Ecojesuit, fue publicado en una versión más extensa para la revista de la compañía Projet (Centre Ceras, Paris).

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Este artículo también está disponible en:: Inglés

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