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Vivir con sencillez

15 Febrero 2013

Garrett (segundo desde la izquierda), con otros novicios de clases de entrada 2010 y 2011 en un recorrido en bicicleta de Saint Paul y Minneapolis, MN en los Estados Unidos, durante la semana de orientación 2011. Foto de: G Gundlach

Garrett Gundlach, SJ

Tengo que admitir que la razón principal por la que la gente me llama ‘Jesuita abraza-árboles’ es porque literalmente abrazo árboles.  De hecho, si buscas en Google-Imágenes mi nombre, encontrarás la prueba: a cuadros verdes y corteza marrón.  Con un semestre cómo escolar en Chicago a mis espaldas, sigo buscando con calma  la integración progresiva, y adecuada, de la vida en comunidad y el compromiso ecológico, la vida institucional en comunidad y las alternativas ecológicas, que, después de todo, no se dan por sí solas.

Empiezo allí por donde me puedo comprometer mejor: con mis propias elecciones de vida en esta corta peregrinación.  Mi travesía comenzó cuando me di cuenta de que “mis elecciones” no eran de forma inconexa solamente “mías.”  Esta travesía de eco-espiritualidad comenzó con la simple aceptación de que mis elecciones tienen que estar más determinadas por la responsabilidad que por los derechos.  Sí, nuestra dignidad humana implica ciertos derechos sobre los recursos, pero en el mundo de hoy en día, dónde existen tales disparidades, nuestras responsabilidades (no sólo hacia la Madre Tierra sino también hacia nuestros hermanos y hermanas) tienen que dar forma a nuestras vidas.

Un amigo, mientras paseábamos en bicicleta, me dijo un día: “Sabes Garrett, creo que nuestro objetivo es vivir en este mundo con tanta sencillez y tanta ternura como podamos hasta que nos vayamos.”  Bingo.  Sólo en este contexto de amistad y alegría puedo estructurar una reflexión sobre la conservación y el compromiso ecológico.  Para mí, no se trata tanto de números, sino de una reorientación total de mi vida: de lo que como, bebo, consumo, tiro, pido prestado o presto: este camino ha sido menos cuantitativo que cualitativo en el momento de cambiar mi vida, porque los números sólo cambian sosteniblemente cuando la reverencia toma las riendas de las decisiones.

El prefijo “eco-” ha hecho morada en mi espiritualidad.  La llamada de Cristo que me atrapa es la llamada del peregrino, es una llamada de compromiso profundo a la simplicidad de vida y de manos abiertas para acoger otras manos.  Jesús me llama para dejar atrás un estilo de vida sofisticado, que desordena mi corazón y es un peso para la Tierra: Soy “yo” no por lo que tengo ni utilizo, sino por lo que conozco y quiero (Dios, mis hermanos y hermanas, humanos y arbóreos, especialmente los menos escuchados y los más olvidados).

La simple conservación es puramente matemática: “¿Qué cosas puedo quitar de mi vida que otros las puedan añadir a la suya?”  Los números son importantes por supuesto (sobre todo éstas dos cifras: 6.900 millones de personas, 1 Tierra), pero he descubierto que la conservación de la naturaleza inspirada en una espiritualidad sincera pone de relieve las oportunidades que cada sacrificio proporciona más que compensaciones meramente matemáticas.  Sí, el vegetarianismo, las duchas cortas, el uso de la bicicleta, secar la ropa al aire, comprar de segunda mano, zurcir y coser, etc., – que hacen una diferencia numérica pero prefiero mucho más las posibilidades que cada una – y el estilo de vida que evocan– puedan crear.  Juntas, estas opciones y hábitos han vuelto a despertar mi humanidad (esto es, lo relacional) pacificada en esta sociedad de la prisa y la ansiedad que valora más la comodidad y el consumo que la fidelidad y el amor.

Un “No” a un hábito requiere determinación e imaginación, pero nos abre a un disciplinado modo de vivir dándonos, intencionadamente, con corrección, e incluso pueden llegar a convertirse en grandes hobbies: cada uno se convierte en un “Sí”.  La poesía, la preparación de pan, la jardinería, el excursionismo, la costura, la bicicleta, la identificación de árboles, la preparación del té de kombucha, etc.  Y gracias a ello me he liberado de la “sustracción” que me generaban mis hábitos y hobbies que adoptaba sin pensar.  Con un ojo siempre puesto en la luz de la vida, sigo rompiendo constantemente el cascarón de mis horarios y actividades diarias para idear cómo podría derivar parte de mi energía en hábitos más simples y gratificantes relacionados con la alimentación, el vestido, el transporte, la limpieza de la ropa o el cuidado de la amistad.

Más allá de la reestructuración de nuestro estilo de vida, otra de las oportunidades que te brinda la eco-espiritualidad es la educación.  No suele pasar un día sin que alguien me pregunte (más o menos) por qué me alimento y vivo de la forma en la que lo hago.  Cada una de mis elecciones (por ejemplo el vegetarianismo) abre una oportunidad a la conversación, en particular en estos tiempos en los que la “vida ecológica,” el calentamiento global y el medioambiente se han convertido en temas muy populares.

Estoy impaciente por ver a dónde me llevará este joven eco-espiritualismo, seguro que hacia el crecimiento personal, pero también hacia la educación, el activismo y incidencia pública: la veneración en un momento dado tiene que afrontar la injusticia estructural, y este nuevo modo de vida puede ponerse al servicio de un compromiso por la solidaridad.  Después de todo, uno puede discutir con los números y con enfadados activistas, pero ¿puede uno discutir con la alegría, el vivir de forma sencilla y el amor de manos abiertas?  En la llamada de Cristo escucho su invitación a vivir de una forma sencilla y reverente.  Y no por Su beneficio, sino por el nuestro: el tuyo, el mío, el suyo, y el de los árboles.

Garrett Gundlach SJ, 25, está estudiando el primer año de filosofía como Jesuita en formación en la Universidad Loyola de Chicago, EE. UU.  Está apasionado por el apostolado de la “memoria,” no sólo acompañar a las personas pobres y marginadas sino transformar las estructuras y la cultura que pueden “olvidar” la dignidad y la reverencia que cada ser vivo merece.  Garrett se interesa por muchas cosas, desde el diálogo interreligioso en la ciudad hasta el uso de bicicletas en la misma ciudad, acampadas para hacer pan, y la poesía en la espiritualidad comunitaria.  Se puede contactar con Garrett a través del email garrett.gundlach(at)gmail.com.

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Este artículo también está disponible en:: Inglés

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